14/02/2026
No hay vida, no hay eros posible si somos consumidos por la lógica del todo es lo mismo. Si pensar es separar, hay que inventar esos separadores para estar un rato en las sutilezas...El algoritmo no distingue, empuja hacia la homogeneidad y al todo es lo mismo. Creemos que somos agentes, sujetos activos, pero ya hemos advertido que somos más bien objetos de eso. No somos consumidores, ni usuarios de redes, somos los consumidos y los usados. Hay momentos en los que nos relacionamos de modo compulsivo con eso que transcurre en el mundo digital. Pasar del home banking a Twitter, de la página del diario a Instagram y del WhatsApp de nuevo a Twitter; empezar el día mirando el celular: la vida es eso que transcurre mientras scrolleamos. Ese modo se vuelve, por momentos, automático. Ni siquiera leemos nada, pasamos las páginas. Nos babeamos obnubilados por las imágenes que circulan. No nos detenemos especialmente en ninguna. Hay algo en el gesto del scrolleo que emula el descarte: el dedo envía, deslizando hacia abajo o hacia arriba, hacia la izquierda o hacia la derecha, lo que ya no quiere ver -el mismo gesto hecho con la mano entera es el gesto del desprecio, del descarte-. Lo que ya no queremos ver, pero que en rigor tampoco vimos. Porque la lógica de la no diferencia, la de todo es lo mismo, es la lógica de la invisibilidad. Hay tanto a la vista que nos ciega. No hay posibilidad de entrecerrar un poco los ojos, de mirar en lugar de ver, todo se nos viene encima, una luz blanca de frente, un reflector directo a los ojos. De ese modo, no hay visibilización, sino invisibilidad...
Alexandra Kohan
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