02/03/2026
El enfoque esotérico del Tarot se originó en Francia a finales del siglo XVIII, cuando diversos ocultistas transformaron un juego de mesa en un sistema simbólico complejo. A través de esta reconfiguración, se añadieron correspondencias cabalísticas, alquímicas y astrológicas a las cartas para su uso en prácticas como la Teúrgia.
Los principales responsables de esta transición fueron:
* Antoine Court de Gébelin: En 1781, propuso la teoría de que el Tarot era un libro sagrado de sabiduría egipcia codificada.
* Etteilla (Jean-Baptiste Alliette): Fue el primer ocultista en diseñar un mazo con fines puramente esotéricos, asignando a las láminas significados astrológicos y alquímicos.
* Eliphas Lévi: En 1854, publicó Dogma y Ritual de Alta Magia, donde vinculó formalmente los 22 Arcanos Mayores con las letras del alfabeto hebreo y la Cábala.
* Golden Dawn (1888): Esta orden sistematizó el Tarot integrándolo con la Alquimia y la Astrología, tratándolo como una herramienta técnica para la manifestación de la voluntad.
* Arthur Waite: En 1898, compiló estos conocimientos en su obra The Book of Ceremonial Magic, considerando al Tarot como una guía para operaciones mágicas.
Aunque la idea del origen egipcio fue popularizada por Gébelin, la historiografía contemporánea y la investigación documental han desmentido esta narrativa, confirmando que el Tarot es un producto del siglo XV italiano sin vínculos antiguos comprobables.
En este contexto, la Magia se define como la disciplina que permite transformar la realidad conforme a la voluntad del operador. El Mago estudia y manipula energías sutiles para lograr este fin. El simbolismo del Pentáculo (la estrella de cinco puntas) representa los cuatro elementos bajo el mando de la quintaesencia o espíritu, cualidad que encarna el Arcano I, El Mago, quien utiliza estas fuerzas para ejecutar su voluntad.