Celeste González

Celeste González ✨Transformo relaciones en conexiones reales
♥️ Especialista en terapia de parejas
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Podemos pasar años sin darnos cuenta de que muchas de nuestras elecciones no nacen del presente, sino de una herida anti...
26/01/2026

Podemos pasar años sin darnos cuenta de que muchas de nuestras elecciones no nacen del presente, sino de una herida antigua que sigue pidiendo ser vista. La ausencia de un padre no solo se vive como un vacío, también se convierte en una forma de mirar el amor, el esfuerzo, el valor propio y la seguridad.

Cuando ese reconocimiento no llegó, aprendimos a buscarnos afuera. En el aplauso, en la pareja, en el trabajo, en la exigencia. No porque seamos ambiciosas o intensas, sino porque una parte nuestra todavía pregunta si ahora sí es suficiente.

Este carrusel no habla de culpa. Habla de comprensión. De entender que lo que hoy duele en vínculos adultos muchas veces tiene raíces infantiles. Que no elegimos desde la lógica, sino desde lo que fue familiar. Desde lo que el cuerpo aprendió como amor, aunque haya dolido.

Sanar no es borrar al padre ni negar lo que fue. Es dejar de repetir su ausencia en nuestras relaciones. Es dejar de confundir tensión con pasión, control con cuidado, esfuerzo con amor.

Sanar es empezar a darnos lo que faltó. Mirarnos con ternura. Reconocernos sin tener que demostrar nada. Elegir distinto sin traicionar a nadie, sobre todo sin traicionarnos a nosotras.

Si este texto te resonó, no es casualidad. Tal vez tu historia esté pidiendo ser entendida, no juzgada. Y ese ya es el primer paso para dejar de vivir desde la herida y empezar a vivir desde la elección.

A los 40 no se termina la vida.A los 40 empieza la verdad.No empieza tu final.Empieza, por fin, tu vida.Y no es casualid...
25/01/2026

A los 40 no se termina la vida.
A los 40 empieza la verdad.

No empieza tu final.
Empieza, por fin, tu vida.

Y no es casualidad.

Hasta los 20 no eras realmente vos.
Eras lo que tu familia decidió, lo que la escuela moldeó y lo que la sociedad permitió. Caminabas un camino marcado por otros. No elegías. No preguntabas. No te escuchabas. Simplemente seguías.

De los 20 a los 30 querías encajar.
Te rompías para agradar. Te cambiabas para pertenecer. Aceptabas trabajos que no te llenaban, amabas personas que no te amaban igual y te convertías en versiones de vos que ni reconocías. Todo por no quedarte solo.

De los 30 a los 40 llegó el mandato de cumplir.
Ganar dinero. Casarte. Tener hijos. Demostrar que “vas bien”. Vivir la vida que otros soñaron para vos, aunque por dentro te sintieras vacío. Aunque algo no cerrara.

Y entonces llegan los 40.
Y no, no es una crisis. Es un despertar.

Porque ya te cansaste de mentirte.
De cargar expectativas ajenas.
De sostener relaciones que te drenaban.
De trabajos que apagaban tu alma.
De ignorarte.

Ya pagaste el precio.

Entonces despierta esa voz que callaste durante décadas.
Esa que susurra bajito pero firme:
ya no quiero esto, quiero ser yo.

Y ahí todo cambia.

Llegás a una encrucijada.

Podés saltar.
Hacer lo que siempre pospusiste. Romper con lo que te mata por dentro. Empezar de nuevo aunque nadie lo entienda, aunque tengas miedo. Porque ahora te elegís.

O podés quedarte.
Pasar tu vida convenciéndote de que conformarse es normal, de que así es la vida, de que no se puede más. Aprender a vivir con tristeza silenciosa, con sueños enterrados y con un vacío disfrazado de rutina.

Pero vos sabés la verdad.

A los 40 no empieza el final.
Empieza el capítulo donde dejás de pedir permiso, dejás de fingir, dejás de vivir para otros y empezás a ser vos. Sin culpa. Sin miedo. Sin máscaras.

A los 40 ya no buscás aprobación, buscás paz.
Ya no perseguís aplausos, buscás sentido.
Ya no sobrevivís, empezás a vivir.

Porque por fin entendiste algo simple y enorme:
tu vida es tuya
y todavía estás a tiempo.

Esta imagen es la muestra del fracaso social que estamos viviendo hoy.Un chico de 12 años con un arma en la mano, posand...
25/01/2026

Esta imagen es la muestra del fracaso social que estamos viviendo hoy.
Un chico de 12 años con un arma en la mano, posando como si fuera un héroe. Y después, despedido en redes como si fuera un prócer de la delincuencia.

No, no es un mártir.
No es un símbolo de lucha.
No es una víctima.

Las víctimas son los que murieron a manos de estos pibes.
Las familias destrozadas por robos, tiros y golpes.
Los abuelos asaltados.
Los trabajadores asesinados por un celular.
Los chicos inocentes que quedaron en el medio.

Esto que vemos no es pobreza.
No es rebeldía.
Es una cultura que glorifica la violencia y convierte al delincuente en ídolo.

Hay una parte de la sociedad que hace años viene santificando al que roba, al que mata, al que destruye vidas ajenas. Se los despide con tiros al aire, motos haciendo ruido y frases ridículas como “robate el cielo, campeón”, como si ese camino fuera honorable.

Y no lo es.

Ese camino no lleva a ningún lugar digno.
Lleva al cementerio o a la cárcel.
Y en el medio deja familias rotas, mu***os inocentes y miedo.

No son superhéroes de la villa.
No son ejemplos.
No son víctimas.

Son pibes que eligieron un camino que consiste en vivir del daño a otros.

Este problema no empezó ayer. Es el resultado de años de abandono, de falta de educación real, de ausencia de límites, de adultos que no estuvieron y de un relato que justificó al violento y culpó al que trabaja.

Se destruyeron los valores básicos:
respeto, esfuerzo, trabajo, responsabilidad.

Dios, Patria y Familia no eran palabras viejas. Eran estructura. Eran contención. Eran la base de una sociedad sana. Hoy muchos pibes crecen sin eso y con un arma como único modelo de identidad.

Pero ser alguien no es robar.
No es pegar.
No es matar.

Ser alguien es construir.
Es cuidar a los tuyos.
Es trabajar.
Es no vivir del sufrimiento ajeno.

Cada vez que se glorifica a un delincuente mu**to, se empuja a otro chico a copiar ese modelo. Porque ve fama, respeto y despedida, cuando lo único que hubo fue destrucción.

No necesitamos más ídolos de la violencia.
Necesitamos cortar con esta cultura que romantiza el delito.

Esto no es odio.
No es clasismo.
Es hartazgo.

Porque mientras sigamos convirtiendo delincuentes en símbolos, vamos a seguir enterrando inocentes.

Ese no es el camino.
Nunca lo fue.
Nunca lo será.

24/01/2026
Hay hombres que no ignoran lo que cuesta criar a un hijo.Lo saben.Saben que un niño necesita comida todos los días,que l...
24/01/2026

Hay hombres que no ignoran lo que cuesta criar a un hijo.
Lo saben.
Saben que un niño necesita comida todos los días,
que la ropa se gasta,
que los zapatos se rompen,
que la escuela, la salud y el crecimiento tienen un costo permanente.

No es desconocimiento.
Es elección.

Porque cuando se trata de sus propios hijos aparecen las demoras,
las excusas,
los “ahora no”,
los “después veo”,
los “ella puede sola”.

Pero el dinero, curiosamente, sí aparece para otras prioridades.
Para viajes.
Para gustos pasajeros.
Para impresionar.
Para responsabilidades que sí desean asumir.

No es falta de recursos.
Es falta de compromiso.
No es pobreza.
Es desinterés.
No es imposibilidad.
Es ausencia de conciencia.

Un padre no es quien solo engendra,
sino quien responde, provee y se hace presente,
aunque no haya aplausos,
aunque no sea cómodo,
aunque implique renunciar a algo propio.

Porque abandonar económicamente a un hijo
no es solo fallar en números,
es fallar en amor.

Y el dinero, al final, siempre habla.
Dice qué se valora,
a quién se prioriza
y muchas veces muestra
que se priorizan solo a ellos mismos.

22/01/2026

Vístete bien, incluso cuando estés solo.
Trátate con el respeto que te mereces!

22/01/2026

Entre más falso seas, más grande será tu círculo.
Entre más real seas, más pequeño será tu círculo.
Estos son hechos bien conocidos por todos!

En muchas familias disfuncionales ocurre un fenómeno muy dañino y a la vez muy común: cuando una persona con rasgos narc...
22/01/2026

En muchas familias disfuncionales ocurre un fenómeno muy dañino y a la vez muy común: cuando una persona con rasgos narcisistas agrede, humilla, manipula o ejerce violencia emocional, el sistema familiar no se organiza para proteger a quien fue atacado, sino para proteger al agresor. No porque no vean lo que pasa, sino porque sostener la verdad implicaría romper una falsa estabilidad que lleva años construida.

Estas familias suelen priorizar “la paz”, pero no una paz real, sino una paz basada en el silencio, la negación y la complicidad. Es más fácil pedirle a la víctima que se calle, que aguante, que sea “más comprensiva”, que señalar al narcisista y enfrentarse al conflicto que eso genera. Así, la persona dañada pasa a ser vista como el problema, como la exagerada, la conflictiva, la que “rompe la armonía”, cuando en realidad solo está reaccionando a una agresión sostenida.

El narcisista, en estos sistemas, suele ocupar un lugar funcional. Puede ser el hijo intocable, el padre autoritario, la madre victimista o el familiar carismático al que nadie se anima a contradecir. El resto aprende, muchas veces desde la infancia, que confrontarlo tiene consecuencias emocionales demasiado costosas. Entonces aparece la lógica del sacrificio: alguien tiene que cargar con el malestar para que el sistema siga funcionando, y ese alguien suele ser la persona más empática, más consciente o más sensible.

Este mecanismo no es inocente. Genera culpa, confusión y un profundo daño psicológico en quien es atacado, porque no solo sufre la agresión directa, sino también la invalidación colectiva. Cuando una familia protege al narcisista, le está enseñando a la víctima que su dolor no importa, que sus límites son un problema y que decir la verdad es peligroso. Eso deja marcas profundas en la autoestima y en la forma de vincularse en el futuro.

Mantener la paz a cualquier precio no es salud, es miedo. Y una paz que se sostiene sobre el silenciamiento de una persona no es paz, es violencia organizada. Sanar implica animarse a ver lo que duele, dejar de encubrir al agresor y comprender que el conflicto no lo genera quien denuncia el daño, sino quien lo ejerce. Mientras las familias sigan protegiendo al narcisista para evitar incomodidades, seguirán reproduciendo el mismo patrón de abuso, generación tras generación.

21/01/2026

Algunas personas te hablan en su tiempo libre y algunas personas liberan su tiempo para hablar contigo.
Asegúrate de conocer la diferencia.

21/01/2026

No se le da suficiente crédito al hijo o a la hija que se atreve a decir la verdad en una familia que aprendió a vivir cómoda en la mentira.

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