Celeste González

Celeste González ✨Transformo relaciones en conexiones reales
♥️ Especialista en terapia de parejas
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Que en estas fechas las mujeres vivamos más agobiadas, cansadas y estresadas no es casualidad. Es consecuencia directa d...
28/12/2025

Que en estas fechas las mujeres vivamos más agobiadas, cansadas y estresadas no es casualidad. Es consecuencia directa de la desigualdad.

Yo crecí en una familia así. En una familia donde siempre veía a las mujeres levantarse una y otra vez de la mesa para cocinar, servir, limpiar y organizar, mientras los hombres permanecían sentados. Desde muy chica se me metió en la cabeza que ese era mi rol: servir. Y si yo no lo hacía, o si quería sentarme un rato a descansar y disfrutar, parecía que estaba haciendo algo mal.

Pero yo no lo veía justo. Nunca me cerró. No entendía por qué todas las mujeres estaban de pie, ocupadas, agotadas, y los hombres siempre sentados, tomando algo, riendo a carcajadas, jugando, mirando la televisión, disfrutando. Esa escena se repetía una y otra vez como si fuera natural, como si no hubiera otra forma posible.

Y eso no empezaba el día de Navidad. Empezaba mucho antes. Las fiestas se organizaban sobre el cuerpo y el tiempo de las mujeres. Desde días o semanas previas, ellas se ocupaban de todo: pensar el menú, hacer las compras, elegir los regalos, envolverlos, decorar la casa, coordinar horarios, resolver detalles, anticiparse a cualquier cosa que pudiera salir mal. Un trabajo invisible, mental y emocional, que nadie suele ver ni valorar.

Y cuando llegaba el día, además de cocinar y servir, también se ocupaban de registrar el momento. Sacar fotos, organizar a todos, capturar recuerdos. Por eso después vemos álbumes llenos de imágenes de padres jugando con sus hijos, de abuelos disfrutando, riendo, relajados. Y casi no vemos a las madres ni a las abuelas. No porque no estuvieran, sino porque estaban en la cocina, o arreglando algo, o resolviendo algún problema, o simplemente demasiado cansadas para sentarse a disfrutar.

Muchas de las mujeres que sostenían todo eso además trabajaban fuera de casa. Tenían un empleo, una jornada laboral, responsabilidades. Y aun así, en estas fechas, cargaban también con todo el trabajo doméstico y de cuidados, como si no fuera trabajo, como si no agotara, como si no tuviera consecuencias.

El cansancio, el mal humor, los estallidos, muchas discusiones familiares nacían ahí. No de mujeres exageradas, ni conflictivas, ni malagradecidas, sino de mujeres desbordadas, sobrecargadas, invisibilizadas.

Que no, que ni a tu madre, ni a tu suegra, ni a tu hermana, ni a tu mujer les gusta levantarse cien veces de la mesa.

Que no, que no elegimos dedicar horas a cocinar, limpiar, ordenar y organizar en lugar de descansar y disfrutar.

Que no, que no es un argumento válido pensar que “a ella le gusta” para no hacerte cargo de tu parte.

Que no, que no es tradición. Es desigualdad.

Todo lo que sucede fuera de la Navidad ocurre también dentro de ella. Y muchas veces, de forma aún más acentuada.

Mujeres al servicio de otros mientras los otros disfrutan. Mujeres cansadas, agobiadas, sosteniendo todo. Mujeres violentadas de maneras sutiles y no tan sutiles, normalizadas bajo la excusa de las fiestas y la familia.

Es muy fácil decir “si no quieren hacerlo, que no lo hagan”. Mucho más difícil es animarse a decir “no lo hacemos porque no nos da la gana”, romper el mandato y sostener ese límite, incluso cuando incomoda.

28/12/2025

No entiendo cómo la gente que nació en el 2000 va a cumplir 26 años en breve.
Yo todavía me los imagino como niños.

27/12/2025

Siempre me dio mucha rabia escuchar frases de este estilo que algunos hombres les dicen a sus mujeres: “vos vivís bajo este techo que es mío”, “vos vivís de mí”, “vos no sabés hacer nada”, “no podrías vivir sin mí”, “sos una mantenida”.

Lo más indignante es que muchas veces se las dicen a mujeres que hacen posible que esos hombres puedan desarrollarse en su carrera, en su profesión o en sus negocios. Mujeres que sostienen todo lo que ellos no hacen.

Porque alguien tiene que ocuparse de la casa. Alguien tiene que criar a los hijos. Cocinar, limpiar, organizar, recordar, anticipar. Esa mujer es como la computadora central del hogar: hace que todo funcione.

Es la que cambia la ropa de los chicos, la que se ocupa cuando se enferman, del colegio y de las tareas, la que compra lo que falta, la que se da cuenta de lo que no hay, la que anota, organiza, planifica las vacaciones, resuelve cuando algo se rompe, hace las compras y sostiene la logística diaria de la vida.

Es un trabajo 24/7, sin descanso, sin feriados y sin sueldo. Y en vez de recibir apoyo, reconocimiento o agradecimiento, muchas reciben reproches y gritos. Encima tienen que bancarse que les digan que son mantenidas.

A eso se suma otro problema grave: muchas de estas mujeres no tienen tiempo ni para ellas mismas. No entrenan, no salen, no se compran ropa, no invierten dinero ni tiempo en su bienestar. No porque no quieran, sino porque no pueden. Porque no existe el apoyo. Porque tienen que pedir plata hasta para hacer las compras.

Y aun así, hay hombres que tienen el tupé de exigirles que aporten el 50% de todo, cuando ellos no aportan ni cerca del 50% de las tareas domésticas ni de la crianza. Porque no lo hacen. Punto.

Entonces vale la pena preguntarnos algo incómodo: ¿quiénes son realmente los interesados? ¿Quiénes son los verdaderos cazafortunas?

Muchas veces el dolor no se queda solo en la mente.El cuerpo recuerda.La intimidad cambia.Y la s3xualidad deja de sentir...
26/12/2025

Muchas veces el dolor no se queda solo en la mente.
El cuerpo recuerda.
La intimidad cambia.
Y la s3xualidad deja de sentirse segura.

Después de una infidelidad, no es raro sentir distancia, confusión, culpa o rechazo. No porque no haya amor, sino porque hay una herida que todavía no fue cuidada.💔

Sanar no es apurarse a “volver a ser como antes”.
Es animarse a construir algo nuevo, más honesto, más consciente y más real.❤️

A veces siento que en cada fiesta importante se nos pierde el foco de lo verdaderamente importante. Llega la Navidad y, ...
25/12/2025

A veces siento que en cada fiesta importante se nos pierde el foco de lo verdaderamente importante. Llega la Navidad y, casi sin darnos cuenta, todo parece girar alrededor del arbolito, los regalos, Papá Noel, la mesa llena, la bebida, la música, la fiesta de la noche, el baile, la pirotecnia. Muchos se preguntan a qué fiesta van a ir, qué se va a tomar, qué se va a comer, dónde hay movimiento. Y así, entre tanta expectativa externa, el sentido profundo queda en un segundo plano.

La Navidad termina siendo muchas cosas… pero cada vez menos un momento de pausa. Menos un espacio de reflexión, de silencio, de paz interior. Menos una oportunidad para preguntarnos qué estamos celebrando realmente, qué significado tiene esta fecha, qué hicimos durante el año, qué aprendimos, a quiénes amamos, qué nos dolió y qué queremos transformar.

Más allá de creencias religiosas o tradiciones, esta fecha nos invita a algo muy simple y muy humano: a conectar. A mirar hacia adentro, a valorar los vínculos, a agradecer lo que sí está, a abrazar con presencia, a compartir desde el corazón y no solo desde lo material. Nos recuerda que lo esencial no se compra, no se envuelve y no hace ruido.

Quizás esta Navidad pueda ser distinta. Tal vez podamos permitirnos un momento de quietud en medio del ruido, una conversación sincera, un pensamiento agradecido, un gesto amoroso. Tal vez el verdadero regalo sea volver a poner el foco donde siempre tuvo que estar: en el amor, la reflexión, la paz y el sentido.

Porque cuando todo pasa, cuando se apagan las luces y termina la fiesta, lo único que queda es lo que sentimos y lo que fuimos capaces de dar. Y eso es lo que realmente importa.

No todo lo que se llama “evento familiar” es un espacio sano para un niño.Un niño no necesita reuniones cargadas de alco...
24/12/2025

No todo lo que se llama “evento familiar” es un espacio sano para un niño.

Un niño no necesita reuniones cargadas de alcohol, gritos, chistes obscenos, desbordes emocionales ni adultos fuera de control para sentirse parte de algo.
Para un niño es suficiente su casa, su árbol, una cena tranquila, regalitos y, sobre todo, la sensación de estar seguro.

Cuando los adultos se exceden, los niños no están compartiendo.
Están observando.
Están absorbiendo.
Están aprendiendo, incluso sin quererlo.

Eso no es convivencia.
Eso no es tradición.
Eso es exponerlos a escenas que no pueden procesar ni elegir.

Proteger también es poner límites.
Proteger es saber irse a tiempo.
Proteger es decir no, aunque incomode a otros adultos.

El amor no se demuestra llevándolos a todos lados.
Se demuestra cuidando lo que ven, lo que sienten y lo que tienen que cargar.

23/12/2025
Este carrusel no intenta explicarte nada.Viene a tocar algo más profundo.A ponerle palabras a ese freno invisible que mu...
23/12/2025

Este carrusel no intenta explicarte nada.
Viene a tocar algo más profundo.

A ponerle palabras a ese freno invisible que muchas veces nos acompaña sin darnos cuenta.
A ese modo de ir por la vida conteniéndonos, corrigiéndonos, postergando el disfrute.

Quizás al leerlo entendiste por qué a veces te cuesta relajarte, sentir placer, habitarte del todo. Y si algo se acomodó por dentro, aunque sea apenas, entonces este espacio ya hizo su trabajo. ❤️

La autoestima se aprende en casa.El autorrespeto también.No se enseña con discursos.Se aprende en lo cotidiano.En cómo n...
23/12/2025

La autoestima se aprende en casa.
El autorrespeto también.

No se enseña con discursos.
Se aprende en lo cotidiano.
En cómo nos hablan cuando erramos.
En cómo nos miran cuando dudamos.
En cómo nos sostienen cuando el mundo se vuelve confuso.

Un niño empieza a quererse cuando siente que es amado sin condiciones.
Empieza a respetarse cuando sus emociones no son minimizadas, ridiculizadas ni ignoradas.
Aprende a poner límites cuando descubre que su no importa, que su voz vale, que no necesita explicarse para ser respetado.

La forma en que hablamos a la infancia se transforma en la voz interna que los acompañará toda la vida.
Esa voz que calma o lastima.
Que abraza o castiga.
Que sostiene o empuja.

Por eso importa todo.
El tono.
La paciencia.
El abrazo después del enojo.
La reparación cuando nos equivocamos.

La autoestima no se regala.
Se construye con presencia real.
Con palabras que cuidan.
Con límites que protegen.
Con amor que guía sin aplastar.

No hacen falta padres perfectos.
Hace falta un hogar emocional seguro.

Porque esa sensación de
soy importante
soy visto
soy digno
no se va nunca.

Se queda adentro.
Y acompaña para siempre. 🧡✨

Hay algo que realmente no me entra en la cabeza. Y lo digo en serio.Si vos sos bueno en algo, si te va bien vendiendo di...
22/12/2025

Hay algo que realmente no me entra en la cabeza. Y lo digo en serio.

Si vos sos bueno en algo, si te va bien vendiendo digitalmente, si encontraste un modelo que funciona, ¿no significa justamente que hiciste algo bien? Entonces explicame por qué alguien que supuestamente gana fortunas con e commerce, cierres virtuales, dropshipping, libros digitales, Shopify o lo que esté de moda, necesita vender cursos para enseñarle a otros a hacer exactamente lo mismo.

Porque ahí es donde no cierra nada.

En la economía real, cuando alguien tiene una ventaja competitiva, la cuida. No la regala. No la empaqueta en un curso de mil dólares para que miles de personas salgan a competirle en el mismo mercado saturado. Un empresario que realmente gana dinero concentra su energía en escalar su negocio, en optimizar procesos, en abrir nuevos mercados. No en grabar videos explicando su supuesto secreto.

La venta masiva de cursos no aparece cuando el negocio principal es tan rentable como dicen. Aparece cuando el verdadero negocio es vender la promesa. El curso no es un extra. Es el producto principal.

Y esto no es una opinión, es lógica económica básica. Si tu modelo funciona de verdad y es escalable, cada nuevo competidor reduce tu margen. Entonces ¿por qué alguien querría crear miles de competidores? La única respuesta honesta es que no los ve como competencia, porque no ganan dinero con lo que enseñan. Ganan dinero con la ilusión de que otros lo van a lograr.

Por eso ves cursos para vender casas desde Estados Unidos sin estar ahí, para ser cerrador virtual sin experiencia, para vivir de Shopify sin capital, para vender libros digitales sin escribir bien. Promesas empaquetadas, testimonios editados, marketing agresivo y una narrativa que siempre apunta al mismo lugar: si no te funcionó, es porque no te esforzaste lo suficiente.

El negocio real es el curso. No el e commerce. No las ventas. No el dropshipping.

Y ojo, enseñar no es el problema. Hay gente que realmente enseña desde la experiencia, con trayectorias claras, sin promesas mágicas y sin vender salvación financiera. Pero eso es otra cosa. Eso es formación, mentoría, transferencia de conocimiento real. No fábricas de cursos clonados apuntados a personas desesperadas por salir del modo supervivencia.

Cuando alguien te dice que gana muchísimo dinero haciendo algo y aun así necesita venderte un curso para enseñarte a hacerlo, no es inspiración. Es una señal de alerta.

El verdadero éxito no grita, no persigue, no necesita convencerte con urgencia. Se nota en cómo vive la persona, no en lo que te promete.

Y esto, aunque incomode, es necesario decirlo. Porque no todo lo que brilla en internet es oro, y no todo el que vende cursos es un experto. Muchas veces, simplemente aprendió a vender cursos.

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