24/01/2026
Cuando dejaste de jugar para ser Madre? Tomar otro lugar y 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝘀𝗲 𝘃𝘂𝗲𝗹𝘃𝗲 𝗱𝗲𝘂𝗱𝗮
Nadie le preguntó si quería ser grande tan pronto.
Un día, sin ceremonia ni aviso, dejó de ser hija y pasó a ser sostén.
No ocurrió de golpe. Ocurrió como ocurren las lealtades más profundas: en silencio.
Primero fue “ayúdame un ratito”.
Después “vos sos la que entiende”.
Más tarde “sin vos no podría”.
Y así, casi sin darse cuenta, su cuerpo aprendió algo peligroso:
✨que amar era hacerse cargo,
✨que pertenecer era renunciar,
✨que ser vista implicaba volverse necesaria.
Desde la mirada sistémica, cuando un padre falta —por abandono, inmadurez, huida emocional o muerte simbólica— alguien ocupa su lugar.
Y casi siempre es la hija mayor.
No porque sea fuerte, sino porque es sensible.
No porque pueda, sino porque ama.
Ella no creció con muñecas.
Creció con horarios, con llaves, con responsabilidades que pesaban más que su edad.
Mientras otros jugaban, ella vigilaba.
Mientras otros soñaban, ella resolvía.
Mientras otros eran cuidados, ella sostenía.
Fue hija de una madre cansada.
Y en ese cansancio, fue promovida sin querer al lugar de adulta.
El niño que cuida, el hijo que materna, la hija que reemplaza.
Un desorden profundo del sistema donde el amor se confunde con sacrificio y el alma aprende a postergarse para que otros sigan.
Sus hermanos crecieron.
Ella no.
No porque no tuviera edad, sino porque su infancia fue entregada como ofrenda al equilibrio familiar.
Hay mujeres que no rechazan la maternidad:
rechazan repetir el destino.
No es que no quieran dar vida,es que primero necesitan recuperar la suya.
A ella le llevó años reconciliarse con su niña interior.
Y cuando por fin la encontró, no quiso volver a perderla.
Por eso hoy le cuesta darse permisos, caprichos, descanso.
Porque su sistema aún cree que si se cuida, abandona.
En el fondo, su decisión no habla de rechazo a los hijos.
Habla de una verdad que por fin se atreve a nombrar: ya pasó la vida cuidando a otros, ahora quiere habitarse.
Y eso, desde la mirada sistémica, no es huida.
Es reparación.
Si esta historia te tocó, si fuiste la hija que sostuvo, la que reemplazó, la que creció antes de tiempo, quizá tu dolor no sea personal, sino vincular.
Quizá no sea falta de amor, sino exceso de responsabilidad infantil.
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