15/11/2021
NO SOLO COMEMOS POR HAMBRE para reponer la energía que nuestro cuerpo utiliza durante las actividades diarias, sino que también intervienen factores psicológicos🧠, sociales👪, ambientales, costumbres y creencias. Por eso hay que distinguir y diferenciar, el hambre fisiológico y el hambre emocional.
El hambre fisiológico: es gradual, puede esperar, está abierto a diferentes opciones y se acaba al estar satisfecho
En cambio, el hambre emocional, que tiene como función compensar una emoción negativa mediante la ingesta de comida; es repentino, urgente, requiere de comidas específicas, no se satisface al sentir plenitud y/o sensación de saciedad. Y como consecuencia, genera emociones negativas al finalizar de comer, como por ejemplo culpa.
El estado de ánimo influye en la forma de alimentarnos, el simple hecho de estar contento, deprimido, puede influir y determinar la forma de elegir alimentos, y por esto muchas veces la comida se convierte en el refugio más fácil y accesible. La acción de comer aporta una sensación de bienestar, de placer que contrarresta o acompaña la situación.
Es probable que, si nos encontramos en un estado de serenidad🙋♀️, sea más fácil que nuestra alimentación sea adecuada. Pero si, por el contrario, experimentamos emociones que consideramos desagradables como la tristeza,😔 el enfado o la ansiedad🙇♀️, tenderemos a buscar formas de manejar ese estado de ánimo vivido como negativo y esto puede provocar el mencionado Hambre Emocional, propiciando a que busquemos el alivio o el refugio en la comida. Generalmente los alimentos que contrarrestan estas emociones negativas son altos en azúcar, grasas saturadas, contenido de sodio o alimentos ultra procesados.
Usando la comida para serenarme, distraerme o no pensar, como forma de lidiar con la emoción desagradable o no deseada, se da momentáneamente una respuesta “efectiva”, refiriéndonos a la sensación de placer momentánea que sentimos al ingerir alimentos como modo de tapar o distraernos de la emoción negativa que estamos atravesando. Esto provoca que, en un futuro se haga un hábito no saludable.