28/03/2026
Me Encontré con el Dolor y ese dolor era mío.
Por el Dr. Hugo Rizzo
No fue un momento preciso.
No hubo una escena que lo anunciara.
Simplemente apareció.
Me encontré con el dolor.
Y no fue como lo había imaginado.
Siempre pensé que el dolor era algo que se podía señalar.
Un lugar, una causa, una explicación.
Pero este no.
Este dolor no tenía forma clara.
No venía de un hecho puntual.
Era más bien una presencia.
Algo que se instalaba.
Y, en verdad, dolía más que la propia idea de la muerte.
Porque la muerte —al menos en lo que uno imagina— es un final.
Un punto que cierra.
Un límite.
El dolor, en cambio, no cierra nada.
Permanece.
Se queda.
Se filtra en los días, en los silencios, en los espacios donde uno creía estar en paz.
Es extraño.
Pensar que la muerte termina…
y el dolor continúa.
Como si la vida, incluso en sus partes más difíciles, tuviera la necesidad de seguir.
De avanzar.
Aun cuando uno no quiere.
Aun cuando uno se queda atrás.
A veces pienso en eso.
En cómo la vida sigue, más allá de todo.
Más allá de las historias individuales.
Más allá de lo que para uno fue central, importante, definitivo.
La vida no se detiene.
Y en ese movimiento constante, uno puede sentirse desfasado.
Fuera de ritmo.
No es que no ame la vida.
No es rechazo.
Es otra cosa.
Es la sensación —difícil de explicar— de que vivir, por momentos, me queda grande.
Como si el cuerpo siguiera, pero algo interno ya no acompañara del todo.
Podría hacer mil cosas.
Tengo herramientas.
Tengo historia.
Tengo experiencia.
Y, sin embargo, hay días en los que no quiero hacer ninguna.
No por falta de opciones.
Sino por falta de sentido.
Hay momentos en los que siento que ya está.
No como una decisión.
No como un acto.
Sino como una percepción.
Como si la obra hubiera terminado, pero uno siguiera en el escenario.
El teatro está vacío.
Las luces bajas.
Y uno todavía ahí, sin saber si quedarse o salir.
No sé cómo es la muerte.
No sé si hay algo después.
No tengo respuestas para eso.
Solo sé que he vivido.
Que he atravesado momentos, personas, decisiones.
Que fui muchas versiones de mí mismo.
Y que, en algunos instantes —como este—
aparece una sensación difícil de negar:
la de que, tal vez,
ya no queda mucho más por hacer.
Pero incluso en ese pensamiento…
hay algo que permanece.
Algo mínimo.
Casi imperceptible.
No es esperanza.
No es certeza.
Es, quizás, una forma de presencia.
La misma que me permite escribir esto.
La misma que, aun en medio del dolor,
no termina de irse.
Hugo Rizzo
Caminando junto a la Vida