01/02/2026
De chica veía algo que nadie nombraba.
No era normal, pero era común.
Las mujeres crecían.
Y a partir de cierta edad…
en cada cumpleaños, en vez de regalos, recibían diagnósticos.
Primero era “nada grave”.
Después “hay que controlar”.
Más tarde “es crónico”.
Y un día… “es parte de la edad”.
🎂 → 🩺
Velas → estudios
Deseos → recetas
Nadie lo celebraba.
Pero todas lo aceptaban.
Y lo más inquietante no era el diagnóstico.
Era la resignación con la que lo recibían.
Como si el cuerpo tuviera fecha de vencimiento.
Como si cumplir años fuera un castigo silencioso.
Como si enfermarse fuera el precio inevitable de ser mujer.
👉 No empezó a los 40.
Empezó mucho antes.
Empezó con lo que se calló.
Con lo que se sostuvo por todos.
Con el cansancio heredado.
Con el “yo puedo sola”.
Con el cuerpo usado como trinchera emocional durante 20, 30, 40 años.
El diagnóstico no llega de golpe.
Llega a cobrar una deuda.
Y el sistema lo sabe.
Por eso no pregunta cómo estás.
Pregunta qué tenés.
Pero acá está la parte que incomoda (y libera):
👉 No es la edad.
👉 No es mala suerte.
👉 No es genética solamente.
Es memoria corporal.
Es carga emocional no metabolizada.
Es una historia que se expresó donde ya no había palabras.
El problema no es cumplir años.
El problema es cumplirlos desconectada del cuerpo, creyendo que lo normal es romperse de a poco.
Y no.
No lo es.
✨ No viniste a envejecer enferma.
✨ Viniste a habitar tu cuerpo con conciencia.
✨ Viniste a escucharlo antes de que grite.
✨ Viniste a transformar herencia en elección.
El verdadero regalo no es evitar diagnósticos.
Es entender el mensaje antes de que el cuerpo tenga que firmarlo.
Y eso…
empieza el día que dejás de celebrar en automático
y empezás a preguntarte:
👉 ¿Qué está pidiendo mi cuerpo que nunca me permití escuchar?