14/01/2026
Una forma de comprender las alteraciones del trastorno por déficit de atención es que se trata de alteraciones que afectan el rendimiento, no el conocimiento. En otras palabras, la persona sabe qué debe hacer, pero existen dificultades para orquestar las funciones ejecutivas necesarias para llevar a cabo la actividad de manera eficaz; suelen tener información sobre muchas cosas, pero no logran aplicarlas de manera específica cuando la requieren. En sus trabajos de redacción pueden tener la idea, pero no logran expresarla con coherencia; suele haber saltos de una idea a otra, sus textos parecen anodinos. En sus respuestas verbales pueden tener con frecuencia parafasias semánticas; decir gato al perro, perico a la paloma. En sus tareas de investigación podrían tardar horas debido a datos que se vuelven más relevantes de leer que el objetivo de la tarea, con dificultades para detenerse hasta sentir que han comprendido el tema secundario y, ahora sí, regresar a la tarea principal. La sobreinformación puede causar fatiga cognitiva y, a su vez, malestar emocional significativo por no haberse concentrado en la tarea principal. Esta desconexión entre la intención y la acción es una de las cosas que pueden generar mayor frustración a nivel familiar y personal.
En algunos casos familiares hay más de dos miembros identificados con el diagnóstico, y que con fines de ejemplificar podría ser un padre y su hijo, lo que ocasiona un impacto significativo en la dinámica familiar, en el que pueden presentarse dificultades en el hijo para regular las emociones, mientras que se complica por las dificultades de inatención o impulsividad del padre; el hijo se enoja y llora por alguna limitación impuesta por sus padres, y su padre reacciona de forma impulsiva gritándole o pegándole.
En distintas ocasiones que he tenido la oportunidad de acompañar en evaluación a adultos que son derivados por sospechas de TDAH [diagnóstico tardío], suele estar presente de diversas formas un mensaje que hace referencia a una especie de "acto de justicia terapéutica" ante las etiquetas de "vagos", "flojos", "tontos", etc., con las que crecieron cargando en su autoestima y autoconcepto. Una forma de reinterpretar su historia que se narró de aparentes fracasos bajo la luz de una neurobiología diferente.
Saludos, justo y necesario.