11/06/2013
Los molestos Desgarros y cómo curarlos
Los desgarros pueden resultar muy difíciles de sanar, además de que son molestos y no nos permiten realizar ejercicio adecuadamente pues reducen la movilidad muscular. El desgarro consiste en una lesión del tejido muscular, que va en conjunto con una hemorragia por la rotura de los vasos sanguíneos que están en el músculo afectado. Generalmente se da en las fibras interiores del músculo y generan un dolor intento que imposibilita contraerlo. Los desgarros ocurren principalmente por un estiramiento en exceso del músculo (elongación profunda), por efectuar un esfuerzo mayor a la capacidad de resistencia o por una contracción brusca, o sea rápida.
Causas probables
Cabe destacar que un desgarro no es lo mismo que un esguince o torcedura, ya que esta es una lesión de los ligamentos, que conserva los extremos de los huesos en la articulación. Los esfuerzos prolongados o muy intensos de los músculos pueden causarlo. Los desgarros pueden deberse a distintos factores. Uno de ellos es la desnutrición o el sedentarismo. El primero hace que se debilite la capacidad de contracción de las fibras musculares, lo que hace que adelgacen. Si una persona es sedentaria y no realiza actividad física, la estructura conjuntiva del músculo pierde potencia. Esto también se relaciona con realizar ejercicio pero de manera incorrecta.
Esto tiene que ver con practicar ejercicio o deporte pero sin un calentamiento previo. Esto previene los desgarros, pues los músculos se calientan y pueden trabajar mejor sin el riesgo de sufrir estas lesiones. Hay más probabilidad de prevenirlas. En relación a la circulación de arterias y venas, si está es deficiente, se dará una disminución de irrigación de sangre frente a la exigencia física, lo que fatigará al músculo por la falta de oxígeno, lo que genera un aumento del ácido láctico y puede causar el desgarro. Existen además ciertas enfermedades metabólicas que son causantes de desgarros, como la diabetes.
Tipos de desgarros
Los desgarros varían de acuerdo al daño en el músculo. El más leve es el desgarro de primer grado, también denominado “músculo extendido”. Genera una molestia menor y en el músculo no se pierde tanta fuerza. En este tipo, queda afectado cerca del 5% del músculo. Es probable que se pueda mover con poco dolor. El desgarro que le sigue es el de segundo grado, donde el dolor es un poco más intenso. En este, el músculo dañado no se ha quebrado totalmente, pero le falta poco.
De hecho, se puede notar una masa bajo la piel. Esta corresponde a la zona donde se liberó la presión al romperse parte del músculo. El músculo, por lo general, no se puede contraer por completo, ya que hay mucho dolor. El más grave es el desgarro de tercer grado, donde el músculo se parte en dos y ya es imposible contraerlo. El dolor es muy fuerte y prolongado, y se forma un gran bulto bajo la piel. En este caso, se debe recurrir a cirugía para arreglar el problema.
Procedimientos
Una vez que sufrimos algún tipo de desgarro, se pueden efectuar algunas acciones para tratar las zonas dañadas. Lo primero que hay que hacer es dejar de efectuar ejercicio físico y revisar la lesión para que así no sea peor o se ponga más grave. Los médicos especialistas recomiendan que tras esto se deje reposar el músculo adolorido para evitar un aumento en la lesión. Posteriormente se debe aplicar hielo en el lugar con el desgarro para así frenar la inflamación.
Si no se tiene hielo, se pueden usar toallas empapadas de agua fría o algún producto frío (una lata o envases fríos). Una vez que se calma algo el dolor y se mantiene un rato la zona bajo hielo, se recomienda poner un vendaje o una banda elástica en el músculo con el desgarro. El lugar donde esté el daño (una pierna por ejemplo) debe mantenerse elevada. Tras todos estos pasos se puede comenzar con un proceso de rehabilitación, en un centro médico o con métodos alternativos. El ejercicio se debe retomar una vez que la lesión se haya sanado por completo, o si no puede volver.
Fuente: sano y natural.cl