28/03/2026
¿Alguna vez has sentido que alguien te pregunta "¿cómo estás?" solo para poderte hablar de sus problemas?
Aunque suene contradictorio, el victimismo crónico suele esconder un toque de egoísmo profundo. Cuando una persona está totalmente sumida en su sufrimiento y en la narrativa de "lo que los demás le hacen", se vuelve emocionalmente ausente para sus seres queridos. Su mundo se reduce a su propio dolor, volviéndose incapaz de prestar atención genuina a las necesidades o alegrías de quienes le rodean.
Vivir en la queja es, en el fondo, una forma de ensimismamiento. La persona que vive en este rol no busca ser escuchada para sanar, sino para ser validada. Sus llamadas o mensajes rara vez nacen de una preocupación real por el otro; sino que son intentos de buscar testigos que le den la razón y confirmen su historia: que ella es "la buena" y el resto del mundo son "los malos" que se aprovechan. En esa búsqueda de validación, el otro deja de ser una persona y se convierte en un simple espectador.
Romper con el victimismo requiere la humildad de reconocer que nuestro dolor no nos hace el centro del universo. Recuperar tu fuerza interior implica dejar de exigir que el mundo gire en torno a tus heridas y empezar a estar presente, de verdad, para los demás. El amor real es una vía de dos sentidos, no un monólogo de la queja.
¿Te has sentido agotado por alguien que solo te busca para vaciar sus quejas? O mejor aún... ¿has identificado este comportamiento en ti?
Angélica Sofía