09/02/2026
Cuando la comida se desordena, algo más adentro está pidiendo atención.
Muchas mujeres llegan a mí con el deseo de alimentarse mejor y sanar su relación con la comida.
Dicen:
“como mal”,
“como chucherías”,
“me siento inflamada”,
“he subido de peso”.
Han probado dietas, rutinas, planes estrictos.
Ponen el foco casi exclusivamente en lo que comen, creyendo que si cambian eso, algo adentro va a mejorar.
Y sí… algo mejora.
Pero es solo la superficie.
En la mayoría de los casos que acompaño, el desafío con la alimentación viene de algo mucho más profundo.
El problema casi nunca es “me comí un chicharrón”.
La pregunta real es:
¿desde dónde comí?
¿qué estaba intentando llenar, recibir, calmar o equilibrar?
Muchas mujeres tienen heridas en la relación con su madre, quien nos dio la vida y, por ende, con su madre interna.
Cuando hay conflicto ahí, también hay conflicto con nutrirse a sí mismas.
Otras viven una insatisfacción profunda en sus vidas
y buscan en el alimento un placer momentáneo.
Cuando pasa, el vacío vuelve y el ciclo se repite.
Entonces aparecen las rutinas rígidas, creyendo que lo que falta es disciplina. Y sin darse cuenta, viven encarceladas en su propia vida.
Pero no necesitas otra lista de reglas. Necesitas ir a tu mundo interior y nutrirte desde ahí.
Puedes comer lo más sano, orgánico y “perfecto” posible y aun así seguir con el mismo problema.
Porque no está en lo que comes.
Está en lo que estás intentando saciar y no has podido en tus relaciones, en lo que reprimes, en lo que callas, en los límites que no pones, en lo que dejas de darte a ti misma.
Por eso siempre digo en mis mentorías:
yo no te voy a decir exactamente qué comer,
pero sí te voy a acompañar a descubrir la raíz del desorden en tu alimentación y, desde ahí, ayudarte a volver a escuchar tu cuerpo y a nutrirte con conciencia.
📸 .co