Sara Chalarca T

Sara Chalarca T Soy Sara Chalarca Tuberquia, health coach, profesora de yoga y facilitadora de danza somática. Solo necesitas moverte para despertarlo. ✨💃

Coach de Movimiento Consciente
✺ Danza Somática & Yoga
✺ Health Coach
✺ Ceremonias de Rapé (Ruma) ✺ Retiros
✺ Mujer medicina🦉te ayudo a conectar con la medicina dentro de ti. Acompaño a mujeres a sanar la relación con su cuerpo, reconectar con su feminidad y encarnar su autenticidad a través del movimiento consciente. Desde niña, la danza ha sido mi lenguaje, pero fue en mi camino de autoconocimie

nto donde descubrí su verdadero poder como medicina. La danza somática me permitió liberar emociones reprimidas, recuperar mi confianza y empoderarme como mujer. Hoy, mi misión es guiarte a habitar tu cuerpo con amor, soltar el juicio, moverte con libertad y autenticidad. Si alguna vez has sentido que no eres suficiente, que no encajas o que tu voz ha sido silenciada, quiero recordarte que dentro de ti ya existe todo lo que buscas.

27/03/2026

La sanación que nadie te cuenta ocurre cuando nadie te ve.

Es cómo lideras y nutres tu vida día a día.

25/03/2026

¿Te asusta poner límites o te asusta SOSTENERLOS?

A la mayoría de nosotras nos enseñaron que ser “buenas” es ser complacientes. Que poner un límite es un acto de guerra o rebeldía y que recibir uno es un ataque personal.

Por eso, cuando nos atrevemos a decir “NO”, nuestro cuerpo reacciona.

😰Lo primero que sentí al poner un límite fue miedo. Un miedo primario, visceral. Mi sistema nervioso gritando: “¡Alerta! Te van a atacar, te van a hacer daño y vas a morir”. Era la memoria de todas las mujeres de mi linaje que no pudieron defenderse, que fueron silenciadas o agredidas por marcar su territorio, por decir NO. Una memoria antigua que se activó en mi escápula y mi espalda, intentando ponerme una armadura.
Pero hoy, soy yo la que está aquí. Soy una mujer adulta y soberana de mi energía.

🦁Sostener un límite no se siente “suave”. Se siente como una potencia feroz que recorre todo el cuerpo. Es la energía de la leona que protege a sus crías; un fuego que sube por la columna, 🫨tiembla en las manos y las piernas y sale por la boca. Eso no es odio, es autocuidado radical.

Y para manejar ese fuego, se necesita práctica. Práctica somática para que tu cuerpo pueda resistir ese voltaje sin “quemarse”, sin arrepentirse y sin retroceder por culpa.

Sostener tu “NO” y tu valor es lo que te convierte en la Reina de tu propio reino👸.

Aquí te comparto mis prácticas de integración (Mira los videos):

1. Simhasana (Respiración del León): Para evocar mi fuego interno, liberar la mandíbula y rugir mi verdad.
2. Utkata Konasana (Postura de la Diosa-Reina) + Padma Mudra: Abriendo el corazón, sintiendo la fuerza en las piernas y el enraizamiento de mi dignidad.
3. Caminata Consciente y Sacudido: Sintiendo mis pies en la tierra para asentar la energía y sacudiendo mis brazos y otras partes del cuerpo donde sienta carga, para soltar lo que no me pertenece y los miedos aprendidos.
4. Abraza a tus aliados animales si tienes, puro amorcito. 💙🐶
5. Quédate un momento silencio siendo testigo de lo que sientes.

Sostener tu límite es el acto de amor más grande que puedes hacer por ti.

¿Qué sientes en tu cuerpo cuando pones un límite?Cuéntame✨

25/03/2026

¿Te asusta poner límites o te asusta SOSTENERLOS?

A la mayoría de nosotras nos enseñaron que ser “buenas” es ser complacientes. Que poner un límite es un acto de guerra o rebeldía y que recibir uno es un ataque personal.

Por eso, cuando nos atrevemos a decir “NO”, nuestro cuerpo reacciona.

😰Lo primero que sentí al poner un límite fue miedo. Un miedo primario, visceral. Mi sistema nervioso gritando: “¡Alerta! Te van a atacar, te van a hacer daño y vas a morir”. Era la memoria de todas las mujeres de mi linaje que no pudieron defenderse, que fueron silenciadas o agredidas por marcar su territorio, por decir NO. Una memoria antigua que se activó en mi escápula y mi espalda, intentando ponerme una armadura.
Pero hoy, soy yo la que está aquí. Soy una mujer adulta y soberana de mi energía.

🦁Sostener un límite no se siente “suave”. Se siente como una potencia feroz que recorre todo el cuerpo. Es la energía de la leona que protege a sus crías; un fuego que sube por la columna, 🫨tiembla en las manos y las piernas y sale por la boca. Eso no es odio, es autocuidado radical.

Y para manejar ese fuego, se necesita práctica. Práctica somática para que tu cuerpo pueda resistir ese voltaje sin “quemarse”, sin arrepentirse y sin retroceder por culpa.

Sostener tu “NO” y tu valor es lo que te convierte en la Reina de tu propio reino👸.

Aquí te comparto mis prácticas de integración (Mira los videos):

1. Simhasana (Respiración del León): Para evocar mi fuego interno, liberar la mandíbula y rugir mi verdad.
2. Utkata Konasana (Postura de la Diosa-Reina) + Padma Mudra: Abriendo el corazón, sintiendo la fuerza en las piernas y el enraizamiento de mi dignidad.
3. Caminata Consciente y Sacudido: Sintiendo mis pies en la tierra para asentar la energía y sacudiendo mis brazos y otras partes del cuerpo donde sienta carga, para soltar lo que no me pertenece y los miedos aprendidos.
4. Abraza a tus aliados animales si tienes, puro amorcito. 💙🐶

Sostener tu límite es el acto de amor más grande que puedes hacer por ti.

¿Qué sientes en tu cuerpo cuando pones un límite?Cuéntame✨

20/03/2026

No aprendimos a expresarnos.

Tampoco aprendimos lo que era un contenedor seguro para dejar salir lo que nos pesa, y quema por dentro.

Por eso, en muchas ocasiones, lo único que supimos hacer fue guardar. Callar el fuego y reprimir las aguas, dejando que ese silencio nos destruyera por dentro. Otras, quizás, aprendieron a explotar de forma desbordada, arrasando con todo a su alrededor porque ya no cabía ni una gota más de rabia.

Ayer, en mis sesiones, una de mis clientas llegó sintiéndose pesada, con una energía densa, con rabia. Sentía que “no hacía suficiente” y que las expectativas de otros la estaban consumiendo. Decidimos darle lugar a ese fuego.

Lo que ves en este pequeño fragmento es un acto de valentía absoluta. Estamos aprendiendo a reconocer un contenedor seguro para darle lugar y nombre a lo que por años ha estado “congelado”. Al principio cuesta, nos sentimos inseguras y el cuerpo está contraído, pero cuando por fin te sientes a salvo, lo que antes parecía peligroso y doloroso se convierte en un descanso profundo.

Mira cómo, después de la tensión y la vibración, aparece ese suspiro que lo dice todo. Ahí es donde nacen las sonrisas y el alivio de poder ser, por fin, sin miedo.

¿Hay algo que hoy tu cuerpo ya no quiere seguir callando? 🕯️✨

No soy la mujer que conociste hace dos años.Ni la de hace cinco o diez años.Ni la que conociste ayer.He crecido, me he t...
14/03/2026

No soy la mujer que conociste hace dos años.
Ni la de hace cinco o diez años.
Ni la que conociste ayer.

He crecido, me he transformado, he aprendido.

Desde que llegué a Colombia hace ya dos años he sangrado 27 veces. Unas han sido dolorosas, otras amorosas. Son 27 muertes y 27 renacimientos. En este tiempo mi vida ha cambiado completamente: mi cuerpo, mis creencias; se han ido personas que amo y han llegado otras. He reconectado con viejas amistades y se han abierto portales que no sabía que existían.

He gestado proyectos, me he dado a luz una y otra vez en diferentes aspectos de mi vida. He habitado duelos, tristezas, alegrías y vacíos. He ganado y, sobre todo, he aprendido.

Esta sangre que ven representa la muerte de una parte de mí; un ciclo que finalmente se cierra. Mueren creencias, expectativas y memorias viejas que seguía cargando en mi cuerpo. Ayer, finalmente, lo pude comprender y encarnar.

Hoy mi útero ha vaciado fantasmas que ocupaban espacio desde hace años.

Entro a un nuevo ciclo. Es algo que se siente en los huesos, en el pecho, en el corazón, no se puede explicar con palabras; se siente como un despertar. Sé que hoy empieza una nueva versión de mí.

Gracias vida. Honro mi sangre, que me recuerda que las partes que ya no soy se despiden. La sembré, la devolví a la tierra, me liberé y liberé todo aquello que estaba reteniendo.

Y en medio de este morir y renacer, ocurrió algo simbólico y aterrador para nuestra mirada humana: anoche, 13 de marzo de 2026, a Río lo atropelló una moto.

Vi la muerte frente a mis ojos y, en el mismo instante, vi la vida renaciendo. Gracias Dios, nuestro Río está bien, sin ninguna lesión grave. Solo quedamos con el shock en nuestro sistema nervioso por experimentar el fin y el inicio en cuestión de horas.

Hoy habito un cuerpo nuevo.
Y sé que, al igual que yo, tú también has mu**to muchas veces en silencio para poder estar aquí hoy.

Gracias por estar aquí y presenciar este renacimiento.🙌🏼💙

✨Maga Celeste

Crecí creyendo, inconscientemente, que no era digna de ser amada.Que era muy rara, diferente, que no encajaba.Mi mamá me...
13/03/2026

Crecí creyendo, inconscientemente, que no era digna de ser amada.

Que era muy rara, diferente, que no encajaba.

Mi mamá me cuenta que varias veces, cuando estaba pequeña, yo le decía que si el mundo era así… yo no quería vivir en él.

Siempre me sentí distinta.

Vivía en una fantasía de juegos inventados en mi cabeza.
Era mi forma de salirme del mundo en el que vivía:
creaba historias, inventaba viajes, imaginaba otros mundos.

Recuerdo la primera vez que me gustó un niño en el colegio.
A él le gustaba mi amiga.🥲

Y eso me dio mucha tristeza, porque sentía que había algo malo conmigo.
Que quizá no era tan bonita.
Que quizá era demasiado rara.

Los niños en el colegio me molestaban todo el tiempo, y desde pequeña empecé a sentir rabia hacia ellos.
Un cierto rechazo.

Me hacían bromas y yo aprendí a defenderme.
A pelear.
A devolver el golpe, a voltearles los bolsos al revés.

Ese recuerdo me llegó hace poco mientras manejaba, he estado reflexionando mucho sobre mis relaciones.

Porque, a veces, en mis relaciones de pareja todavía aparece esa sensación:
que soy rara, que soy demasiado,
que si me muestro como la tormenta grande y celeste que soy… quizá es demasiado para el otro.

Que no lo van a poder sostener y contener.

Y entonces aparece el miedo a mostrarme.
A mostrar mis emociones.

Y entendí que es una sensación que vive en mí desde que era niña.

Hoy puedo ver que meterme en una coraza fue un mecanismo de defensa.
Una coraza dura y pesada, una calabaza grande, impenetrable.

Porque si soy rara… quizá así no me lastiman.

Pero con el tiempo me he dado cuenta de algo:

pesa mucho vivir protegiéndose todo el tiempo.

Duele.

Y además esconderte tiene un costo invisible:
No permite que el otro te vea y tu tampoco puedes ver realmente al otro.

Poco a poco he ido soltando ese caparazón.

Permitiendo que mi esencia salga.

Mi mujer celeste.
Suave.
Más ligera.
Más amorosa.

Sin miedo a mostrar su tormenta,
que también es divina.

Hoy sé que no hay nada erróneo conmigo. Mi ‘rareza’ era en realidad mi magnetismo.

Y que sí soy profundamente amada.
Un ser amable.
Un ser que vale la pena mostrar.🐣💙

¿Alguna vez también has sentido que eras “demasiado”?

11/03/2026

Hace unos días casi me ahogo, literalmente.
Un arrocito 🍚 se me fue por el camino viejo.

En ese momento estaba tan presente que podía escuchar más, sentir más, ver más.

No había pensamientos.
Solo yo, en ese instante, siguiendo a mi cuerpo.

Mientras tosía e intentaba respirar, nunca pensé que me iba a morir.
Simplemente observaba lo que estaba pasando.

Escuchaba a mi pareja y a mi mamá hablándome, buscando formas de ayudarme.

En un momento mi mamá dijo:
“Levanta los brazos”.

Levanté los brazos y la glotis se abrió un poco.
Entró algo de aire.

Recordé que tenía que intentar respirar por la boca.

Siento que mantuve la calma.
No me desesperé.

Simplemente seguía a mi cuerpo en su sabiduría.

En un momento pude tomar una bocanada de aire y sentí un alivio profundo.

Y el primer pensamiento que llegó fue:

Gracias Dios… porque puedo respirar.

Qué bendición poder respirar.
Sentir la vida.
Sentir mi corazón palpitando.
Sentir las lágrimas en mi rostro.

Y de repente me empecé a reír.

Aunque todos estaban preocupados, porque habían pasado unos minutos, yo sentía una presencia muy profunda.

Y pensé:

Nada más importa.

Nada de los pensamientos fatalistas o dramáticos que están todo el tiempo rodando en nuestra mente.

Importa la vida.
Importa este momento presente.
Importa el aquí y el ahora.

No el pasado.
No el futuro.

Importa este instante en el que realmente estamos vivos y respirando.

Gracias vida.
Gracias Dios porque puedo respirar.

Porque puedo sentir.
Porque puedo habitar este instante.

Eso es lo que realmente importa.

La vida que brota y fluye por nuestras venas.
La vida que respiro en este preciso momento.

Respira.🫁🌬️

Así nos fuimos abandonando cada vez más, hasta normalizarlo.El auto-abandono es una estrategia de supervivencia. Es tu s...
04/03/2026

Así nos fuimos abandonando cada vez más, hasta normalizarlo.

El auto-abandono es una estrategia de supervivencia. Es tu sistema nervioso intentando protegerte de un miedo ancestral a la soledad. Preferiste contraerte, silenciarte y desconectarte de tu centro, de tu corazón de tu útero para intentar retener algo.

Sanar es aprender a NO abandonarte cuando el otro se retira.
Es aprender a sostener el temblor en las manos y el vacío en el vientre sin salir corriendo de ti misma. Es volver a habitar tu pelvis, tu voz y tu derecho a ser elegida, primero por ti.

En este carrusel te comparto las 6 formas sutiles en las que nos perdemos a nosotras mismas en el camino. Desliza y dime...
¿En cuál de estas formas te reconociste hoy?🕯️

Si estás lista para dejar de habitar una “casa vacía” y quieres que te acompañe a Volver a Ti, comenta la palabra “CASA” y te envío la información de mi próxima Mentoría y mi Taller presencial Femenina, Segura y Magnética.

Me abandoné para que no me abandonen.Yo también dije que los hombres eran los tóxicos, los malos. Y yo también me abando...
27/02/2026

Me abandoné para que no me abandonen.

Yo también dije que los hombres eran los tóxicos, los malos. Y yo también me abandoné mil veces en mis relaciones para que no me abandonaran a mí.

Recuerdo que un día mi mamá me soltó una de esas verdades que te dejan fría: “¿Usted no se ha puesto a pensar que de pronto usted es la del problema?”.

En el momento me dio risa, pero esa pregunta me caló tan profundo que desde ahí empezó mi propio “auto-estudio” de patrones. Y lo que descubrí cambió para siempre mi forma de entender el amor:

A veces creemos que el problema es el otro, o que simplemente “somos de malas” en el amor. Pero cuando miramos honestamente, la historia es otra.

Dices que quieres algo sano, un hombre consciente, una relación diferente. Pero cuando la intimidad se acerca, tu cuerpo entra en alerta. Aparece una memoria antigua que te susurra: “Si eres tú misma, se va a ir. Y si se va, no vas a sobrevivir”.

Entonces, sin darte cuenta, activas tu estrategia de supervivencia:

•Te haces pequeña para no estorbar.
•Callas lo que te quema en la garganta y aprietas el estómago.
•Abandonas tus rituales, tus amigas, tus límites.
•Y hasta la manera en cómo te vistes.
•Te contraes.

Y lo más doloroso es que, a veces, aun habiéndote traicionado para retenerlo, el otro se va.
Y ahí el dolor es insoportable. Porque no solo lloras su ausencia; lloras que en el camino te perdiste a ti. Te quedaste habitando una casa vacía, porque tú también te mudaste para complacerlo.

No es falta de amor propio. Es un sistema nervioso que siente que la soledad es peligro de muerte.

Por eso te cuesta poner límites. Por eso te da miedo invertir en tu proceso, en tu espacio, en tu propio poder. Porque ser una Mujer Adulta y Soberana implica que, si alguien no puede quedarse, tú tienes que ser capaz de sostenerte.

Sanar no es aprender a estar sola. Sanar es aprender a no abandonarte cuando el otro se retira.

Es quedarte habitando tu cuerpo mientras el miedo pasa. Es ahí donde nace la verdadera seguridad. Contigo.

27/02/2026

La rabia para mí siempre fue difícil.

No porque no la sintiera, sino porque no sabía qué hacer con ella. Me criticaba cuando explotaba. Pensaba que era una dramática.

Recuerdo momentos en mi vida donde, por no saber gestionarla, ese fuego me quemó. Varios platos quebrados, celulares… Y cuando ya no hubo nada externo que romper, mi propio cuerpo se empezó a romper por dentro.

Mi rabia contenida por años se convirtió en síntoma:
•Tensión mandibular, migrañas.
•Rigidez en el cuello y hombros.
•Inflamación crónica ge***al.

Aprendí a callar porque cada vez que expresaba un límite me decían: “Eres agresiva”, “Bájale”, “Estás loca”, “Qué grosera”. Para el mundo, una mujer que no se queja es una mujer “sana”.

Pero lo que no sale, se queda en el tejido.
Cuando conocí la danza somática y la respiración, entendí algo que me cambió la vida: La rabia no es violencia; la violencia es el resultado de una rabia que no fue escuchada a tiempo.

La rabia pura, en su esencia, es energía poderosa. Es la guardiana de tus límites. Es la que te avisa que alguien está pisoteando tu jardín.

Empecé a hacer algo distinto. En vez de tragarme el fuego, lo empecé a sentir como fuerza vital.
•Rabia por haber callado mi voz.
•Rabia por haber permitido lo inaceptable.
•Rabia por haberme reprimido para que otros estuvieran cómodos.

Mi práctica de hoy: Golpear una almohada. Vibraciones con el cuerpo para que la energía no se quede estancada en mis órganos. Respirar profundo, dejar que el calor suba desde mi útero hasta el pecho, y danzarla.

Y después vino lo más importante: NOMBRAR. ¿Qué me activó? ¿Qué me recordó? ¿Qué límite necesito expresar hoy? Porque si no nombras, vuelves al ciclo de la explosión o callar.

Muchas mujeres viven con una rabia contenida. No porque sean violentas, sino porque fueron silenciadas o no fueron protegidas cuando eran niñas.

Cuando una mujer recupera su rabia sagrada, algo cambia: Deja de explotar. Deja de reprimir. Empieza a elegir.
La rabia bien acompañada es motor, es dirección y es el fuego que limpia el camino para que tu “Sí” sea real y tu “No” sea escuchado.

La rabia no es destrucción, es tu instinto recordándote tu fuerza.

No te abandonan: tú te vas primero.Hay mujeres que dicen que siempre las abandonan. Unas dicen que nadie se queda, que t...
25/02/2026

No te abandonan: tú te vas primero.
Hay mujeres que dicen que siempre las abandonan. Unas dicen que nadie se queda, que todos se van y no las eligen.

Pero a veces, cuando nos atrevemos a mirar más profundo, descubrimos algo bien incómodo: No es que nadie se quede, es que tú provocas el final.

No siempre te vas físicamente. Te vas internamente.

Empiezas a mirar afuera, a comparar, a buscar defectos, a crear distancia, a poner pruebas imposibles o a convertir la paz en un drama insoportable.

Y no es porque seas “mala”, ni porque no quieras amar. Es porque la intimidad real da mucho miedo.

Porque cuando alguien se queda de verdad, cuando no hay caos, cuando te dan presencia… ya no tienes dónde esconderte. Y ahí, en el silencio de la calma, aparece el grito de la herida que más duele: la de no haber sido elegida en el pasado.

¿Cómo reacciona tu sistema nervioso?
Como no conoce la paz, la interpreta como peligro. Entonces, prefieres el caos conocido al bienestar desconocido.

•Buscas hombres no disponibles (física o emocionalmente).

•Te involucras con personas comprometidas.

•Saboteas la relación cuando empieza a ponerse “seria”.

•Te vuelves difícil, reactiva o hiriente.

No lo haces para destruir al otro. Lo haces para confirmar lo que tu cuerpo ya sabe: “Ves, al final no me eligen”. Es más fácil provocar el abandono que sentarse a esperar a que suceda.

Es un mecanismo de defensa: prefieres romperlo tú antes de que te rompan a ti.

La calma no distrae. La calma revela.
Y cuando alguien te ama sin drama, sin persecución, sin esa intensidad desbordada que confundes con amor… el personaje se cae. Ya no hay máscara ni estrategia. Solo estás tú.

Y estar a solas con una misma, sin el ruido del conflicto, puede dar más miedo que la soledad misma.

A veces no es que no merezcas amor, lo que realmente pasa es que todavía no sabes sostenerlo cuando llega. Y sostenerlo implica la valentía de: quedarte.

Quedarte sin sabotear. Sin huir. Sin empujar al otro al abismo para ver si vuela.
Quedarte contigo mientras el miedo te aprieta en el pecho, y permitir que, por primera vez, la seguridad sea tu nueva casa.

¿Cómo sabes que algo ya se sanó?
Después de mis talleres…Siguen llegando más claridades, más reflexiones
y también más p...
15/12/2025

¿Cómo sabes que algo ya se sanó?
Después de mis talleres…

Siguen llegando más claridades, más reflexiones
y también más preguntas. A mí me gusta llamar a todo esto regalos.💝

Se mueven piezas internas, como un reloj que ha estado dando la hora en un tiempo distinto.
Y de pronto me doy cuenta, muevo la perilla
y empiezo a marcar el tiempo real.
El tiempo del ahora.

Y con eso llegan más latidos,
más entendimientos, más ajá moments.

Una de las preguntas más frecuentes que resuena y late en mis talleres es esta:
“¿Cómo me sano?”
“¿Cómo sé que ya llegué a ese punto B?”
“He hecho de todo…”
“¿Esto va a cambiar?”

Y si nos vamos a lo más simple y simbólico de la vida, la respuesta es:
sí cambia.
Sí se transforma.
Siempre.

¿Cómo?
Respira aquí, hermosa.
Lee con el corazón 🫀

Se transforma en el momento en que eso que molesta, duele o incomoda deja de doler, de incomodar, de molestar.

Cuando puedo tocarlo, sentirlo, hablar de ello sin que esa sensación interna me desborde.

Es como cuando tienes una herida en el brazo. Sabes que se sanó porque cicatrizó. Pasas el dedo, la mano…
y ya no duele.

Sabes que hubo una herida ahí. Hay una cicatriz. Pero ya no duele.

Esa es tu brújula.🧭

¿Lo puedes ver?

Sara 💙🌬️

Dirección

El Poblado

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Sara Chalarca T publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Consultorio

Enviar un mensaje a Sara Chalarca T:

Compartir