Sara Chalarca T

Sara Chalarca T Soy Sara Chalarca Tuberquia, health coach, profesora de yoga y facilitadora de danza somática. Solo necesitas moverte para despertarlo. ✨💃

Coach de Movimiento Consciente
✺ Danza Somática & Yoga
✺ Health Coach
✺ Ceremonias de Rapé (Ruma) ✺ Retiros
✺ Mujer medicina🦉te ayudo a conectar con la medicina dentro de ti. Acompaño a mujeres a sanar la relación con su cuerpo, reconectar con su feminidad y encarnar su autenticidad a través del movimiento consciente. Desde niña, la danza ha sido mi lenguaje, pero fue en mi camino de autoconocimiento donde descubrí su verdadero poder como medicina. La danza somática me permitió liberar emociones reprimidas, recuperar mi confianza y empoderarme como mujer. Hoy, mi misión es guiarte a habitar tu cuerpo con amor, soltar el juicio, moverte con libertad y autenticidad. Si alguna vez has sentido que no eres suficiente, que no encajas o que tu voz ha sido silenciada, quiero recordarte que dentro de ti ya existe todo lo que buscas.

Crecí creyendo, inconscientemente, que no era digna de ser amada.Que era muy rara, diferente, que no encajaba.Mi mamá me...
13/03/2026

Crecí creyendo, inconscientemente, que no era digna de ser amada.

Que era muy rara, diferente, que no encajaba.

Mi mamá me cuenta que varias veces, cuando estaba pequeña, yo le decía que si el mundo era así… yo no quería vivir en él.

Siempre me sentí distinta.

Vivía en una fantasía de juegos inventados en mi cabeza.
Era mi forma de salirme del mundo en el que vivía:
creaba historias, inventaba viajes, imaginaba otros mundos.

Recuerdo la primera vez que me gustó un niño en el colegio.
A él le gustaba mi amiga.🥲

Y eso me dio mucha tristeza, porque sentía que había algo malo conmigo.
Que quizá no era tan bonita.
Que quizá era demasiado rara.

Los niños en el colegio me molestaban todo el tiempo, y desde pequeña empecé a sentir rabia hacia ellos.
Un cierto rechazo.

Me hacían bromas y yo aprendí a defenderme.
A pelear.
A devolver el golpe, a voltearles los bolsos al revés.

Ese recuerdo me llegó hace poco mientras manejaba, he estado reflexionando mucho sobre mis relaciones.

Porque, a veces, en mis relaciones de pareja todavía aparece esa sensación:
que soy rara, que soy demasiado,
que si me muestro como la tormenta grande y celeste que soy… quizá es demasiado para el otro.

Que no lo van a poder sostener y contener.

Y entonces aparece el miedo a mostrarme.
A mostrar mis emociones.

Y entendí que es una sensación que vive en mí desde que era niña.

Hoy puedo ver que meterme en una coraza fue un mecanismo de defensa.
Una coraza dura y pesada, una calabaza grande, impenetrable.

Porque si soy rara… quizá así no me lastiman.

Pero con el tiempo me he dado cuenta de algo:

pesa mucho vivir protegiéndose todo el tiempo.

Duele.

Y además esconderte tiene un costo invisible:
No permite que el otro te vea y tu tampoco puedes ver realmente al otro.

Poco a poco he ido soltando ese caparazón.

Permitiendo que mi esencia salga.

Mi mujer celeste.
Suave.
Más ligera.
Más amorosa.

Sin miedo a mostrar su tormenta,
que también es divina.

Hoy sé que no hay nada erróneo conmigo. Mi ‘rareza’ era en realidad mi magnetismo.

Y que sí soy profundamente amada.
Un ser amable.
Un ser que vale la pena mostrar.🐣💙

¿Alguna vez también has sentido que eras “demasiado”?

11/03/2026

Hace unos días casi me ahogo, literalmente.
Un arrocito 🍚 se me fue por el camino viejo.

En ese momento estaba tan presente que podía escuchar más, sentir más, ver más.

No había pensamientos.
Solo yo, en ese instante, siguiendo a mi cuerpo.

Mientras tosía e intentaba respirar, nunca pensé que me iba a morir.
Simplemente observaba lo que estaba pasando.

Escuchaba a mi pareja y a mi mamá hablándome, buscando formas de ayudarme.

En un momento mi mamá dijo:
“Levanta los brazos”.

Levanté los brazos y la glotis se abrió un poco.
Entró algo de aire.

Recordé que tenía que intentar respirar por la boca.

Siento que mantuve la calma.
No me desesperé.

Simplemente seguía a mi cuerpo en su sabiduría.

En un momento pude tomar una bocanada de aire y sentí un alivio profundo.

Y el primer pensamiento que llegó fue:

Gracias Dios… porque puedo respirar.

Qué bendición poder respirar.
Sentir la vida.
Sentir mi corazón palpitando.
Sentir las lágrimas en mi rostro.

Y de repente me empecé a reír.

Aunque todos estaban preocupados, porque habían pasado unos minutos, yo sentía una presencia muy profunda.

Y pensé:

Nada más importa.

Nada de los pensamientos fatalistas o dramáticos que están todo el tiempo rodando en nuestra mente.

Importa la vida.
Importa este momento presente.
Importa el aquí y el ahora.

No el pasado.
No el futuro.

Importa este instante en el que realmente estamos vivos y respirando.

Gracias vida.
Gracias Dios porque puedo respirar.

Porque puedo sentir.
Porque puedo habitar este instante.

Eso es lo que realmente importa.

La vida que brota y fluye por nuestras venas.
La vida que respiro en este preciso momento.

Respira.🫁🌬️

Así nos fuimos abandonando cada vez más, hasta normalizarlo.El auto-abandono es una estrategia de supervivencia. Es tu s...
04/03/2026

Así nos fuimos abandonando cada vez más, hasta normalizarlo.

El auto-abandono es una estrategia de supervivencia. Es tu sistema nervioso intentando protegerte de un miedo ancestral a la soledad. Preferiste contraerte, silenciarte y desconectarte de tu centro, de tu corazón de tu útero para intentar retener algo.

Sanar es aprender a NO abandonarte cuando el otro se retira.
Es aprender a sostener el temblor en las manos y el vacío en el vientre sin salir corriendo de ti misma. Es volver a habitar tu pelvis, tu voz y tu derecho a ser elegida, primero por ti.

En este carrusel te comparto las 6 formas sutiles en las que nos perdemos a nosotras mismas en el camino. Desliza y dime...
¿En cuál de estas formas te reconociste hoy?🕯️

Si estás lista para dejar de habitar una “casa vacía” y quieres que te acompañe a Volver a Ti, comenta la palabra “CASA” y te envío la información de mi próxima Mentoría y mi Taller presencial Femenina, Segura y Magnética.

Me abandoné para que no me abandonen.Yo también dije que los hombres eran los tóxicos, los malos. Y yo también me abando...
27/02/2026

Me abandoné para que no me abandonen.

Yo también dije que los hombres eran los tóxicos, los malos. Y yo también me abandoné mil veces en mis relaciones para que no me abandonaran a mí.

Recuerdo que un día mi mamá me soltó una de esas verdades que te dejan fría: “¿Usted no se ha puesto a pensar que de pronto usted es la del problema?”.

En el momento me dio risa, pero esa pregunta me caló tan profundo que desde ahí empezó mi propio “auto-estudio” de patrones. Y lo que descubrí cambió para siempre mi forma de entender el amor:

A veces creemos que el problema es el otro, o que simplemente “somos de malas” en el amor. Pero cuando miramos honestamente, la historia es otra.

Dices que quieres algo sano, un hombre consciente, una relación diferente. Pero cuando la intimidad se acerca, tu cuerpo entra en alerta. Aparece una memoria antigua que te susurra: “Si eres tú misma, se va a ir. Y si se va, no vas a sobrevivir”.

Entonces, sin darte cuenta, activas tu estrategia de supervivencia:

•Te haces pequeña para no estorbar.
•Callas lo que te quema en la garganta y aprietas el estómago.
•Abandonas tus rituales, tus amigas, tus límites.
•Y hasta la manera en cómo te vistes.
•Te contraes.

Y lo más doloroso es que, a veces, aun habiéndote traicionado para retenerlo, el otro se va.
Y ahí el dolor es insoportable. Porque no solo lloras su ausencia; lloras que en el camino te perdiste a ti. Te quedaste habitando una casa vacía, porque tú también te mudaste para complacerlo.

No es falta de amor propio. Es un sistema nervioso que siente que la soledad es peligro de muerte.

Por eso te cuesta poner límites. Por eso te da miedo invertir en tu proceso, en tu espacio, en tu propio poder. Porque ser una Mujer Adulta y Soberana implica que, si alguien no puede quedarse, tú tienes que ser capaz de sostenerte.

Sanar no es aprender a estar sola. Sanar es aprender a no abandonarte cuando el otro se retira.

Es quedarte habitando tu cuerpo mientras el miedo pasa. Es ahí donde nace la verdadera seguridad. Contigo.

27/02/2026

La rabia para mí siempre fue difícil.

No porque no la sintiera, sino porque no sabía qué hacer con ella. Me criticaba cuando explotaba. Pensaba que era una dramática.

Recuerdo momentos en mi vida donde, por no saber gestionarla, ese fuego me quemó. Varios platos quebrados, celulares… Y cuando ya no hubo nada externo que romper, mi propio cuerpo se empezó a romper por dentro.

Mi rabia contenida por años se convirtió en síntoma:
•Tensión mandibular, migrañas.
•Rigidez en el cuello y hombros.
•Inflamación crónica ge***al.

Aprendí a callar porque cada vez que expresaba un límite me decían: “Eres agresiva”, “Bájale”, “Estás loca”, “Qué grosera”. Para el mundo, una mujer que no se queja es una mujer “sana”.

Pero lo que no sale, se queda en el tejido.
Cuando conocí la danza somática y la respiración, entendí algo que me cambió la vida: La rabia no es violencia; la violencia es el resultado de una rabia que no fue escuchada a tiempo.

La rabia pura, en su esencia, es energía poderosa. Es la guardiana de tus límites. Es la que te avisa que alguien está pisoteando tu jardín.

Empecé a hacer algo distinto. En vez de tragarme el fuego, lo empecé a sentir como fuerza vital.
•Rabia por haber callado mi voz.
•Rabia por haber permitido lo inaceptable.
•Rabia por haberme reprimido para que otros estuvieran cómodos.

Mi práctica de hoy: Golpear una almohada. Vibraciones con el cuerpo para que la energía no se quede estancada en mis órganos. Respirar profundo, dejar que el calor suba desde mi útero hasta el pecho, y danzarla.

Y después vino lo más importante: NOMBRAR. ¿Qué me activó? ¿Qué me recordó? ¿Qué límite necesito expresar hoy? Porque si no nombras, vuelves al ciclo de la explosión o callar.

Muchas mujeres viven con una rabia contenida. No porque sean violentas, sino porque fueron silenciadas o no fueron protegidas cuando eran niñas.

Cuando una mujer recupera su rabia sagrada, algo cambia: Deja de explotar. Deja de reprimir. Empieza a elegir.
La rabia bien acompañada es motor, es dirección y es el fuego que limpia el camino para que tu “Sí” sea real y tu “No” sea escuchado.

La rabia no es destrucción, es tu instinto recordándote tu fuerza.

No te abandonan: tú te vas primero.Hay mujeres que dicen que siempre las abandonan. Unas dicen que nadie se queda, que t...
25/02/2026

No te abandonan: tú te vas primero.
Hay mujeres que dicen que siempre las abandonan. Unas dicen que nadie se queda, que todos se van y no las eligen.

Pero a veces, cuando nos atrevemos a mirar más profundo, descubrimos algo bien incómodo: No es que nadie se quede, es que tú provocas el final.

No siempre te vas físicamente. Te vas internamente.

Empiezas a mirar afuera, a comparar, a buscar defectos, a crear distancia, a poner pruebas imposibles o a convertir la paz en un drama insoportable.

Y no es porque seas “mala”, ni porque no quieras amar. Es porque la intimidad real da mucho miedo.

Porque cuando alguien se queda de verdad, cuando no hay caos, cuando te dan presencia… ya no tienes dónde esconderte. Y ahí, en el silencio de la calma, aparece el grito de la herida que más duele: la de no haber sido elegida en el pasado.

¿Cómo reacciona tu sistema nervioso?
Como no conoce la paz, la interpreta como peligro. Entonces, prefieres el caos conocido al bienestar desconocido.

•Buscas hombres no disponibles (física o emocionalmente).

•Te involucras con personas comprometidas.

•Saboteas la relación cuando empieza a ponerse “seria”.

•Te vuelves difícil, reactiva o hiriente.

No lo haces para destruir al otro. Lo haces para confirmar lo que tu cuerpo ya sabe: “Ves, al final no me eligen”. Es más fácil provocar el abandono que sentarse a esperar a que suceda.

Es un mecanismo de defensa: prefieres romperlo tú antes de que te rompan a ti.

La calma no distrae. La calma revela.
Y cuando alguien te ama sin drama, sin persecución, sin esa intensidad desbordada que confundes con amor… el personaje se cae. Ya no hay máscara ni estrategia. Solo estás tú.

Y estar a solas con una misma, sin el ruido del conflicto, puede dar más miedo que la soledad misma.

A veces no es que no merezcas amor, lo que realmente pasa es que todavía no sabes sostenerlo cuando llega. Y sostenerlo implica la valentía de: quedarte.

Quedarte sin sabotear. Sin huir. Sin empujar al otro al abismo para ver si vuela.
Quedarte contigo mientras el miedo te aprieta en el pecho, y permitir que, por primera vez, la seguridad sea tu nueva casa.

Cuando la comida se desordena, algo más adentro está pidiendo atención.Muchas mujeres llegan a mí con el deseo de alimen...
09/02/2026

Cuando la comida se desordena, algo más adentro está pidiendo atención.

Muchas mujeres llegan a mí con el deseo de alimentarse mejor y sanar su relación con la comida.

Dicen:
“como mal”,
“como chucherías”,
“me siento inflamada”,
“he subido de peso”.

Han probado dietas, rutinas, planes estrictos.
Ponen el foco casi exclusivamente en lo que comen, creyendo que si cambian eso, algo adentro va a mejorar.

Y sí… algo mejora.
Pero es solo la superficie.

En la mayoría de los casos que acompaño, el desafío con la alimentación viene de algo mucho más profundo.
El problema casi nunca es “me comí un chicharrón”.

La pregunta real es:
¿desde dónde comí?
¿qué estaba intentando llenar, recibir, calmar o equilibrar?

Muchas mujeres tienen heridas en la relación con su madre, quien nos dio la vida y, por ende, con su madre interna.

Cuando hay conflicto ahí, también hay conflicto con nutrirse a sí mismas.

Otras viven una insatisfacción profunda en sus vidas
y buscan en el alimento un placer momentáneo.
Cuando pasa, el vacío vuelve y el ciclo se repite.

Entonces aparecen las rutinas rígidas, creyendo que lo que falta es disciplina. Y sin darse cuenta, viven encarceladas en su propia vida.

Pero no necesitas otra lista de reglas. Necesitas ir a tu mundo interior y nutrirte desde ahí.

Puedes comer lo más sano, orgánico y “perfecto” posible y aun así seguir con el mismo problema.

Porque no está en lo que comes.
Está en lo que estás intentando saciar y no has podido en tus relaciones, en lo que reprimes, en lo que callas, en los límites que no pones, en lo que dejas de darte a ti misma.

Por eso siempre digo en mis mentorías:
yo no te voy a decir exactamente qué comer,
pero sí te voy a acompañar a descubrir la raíz del desorden en tu alimentación y, desde ahí, ayudarte a volver a escuchar tu cuerpo y a nutrirte con conciencia.

📸 .co

Respirar:una de las herramientas que más me ha impactado desde que llegó a mi vida.Una práctica que me enseñó que la paz...
20/01/2026

Respirar:
una de las herramientas que más me ha impactado desde que llegó a mi vida.

Una práctica que me enseñó que la paz empieza en mí,
que el sostén nace en mí.
Que puedo acompañarme en los momentos caóticos
y, sobre todo, aprender a quedarme conmigo
incluso en el dolor.

Llevo unas semanas con bastante dolor en el cuerpo.
Desde que Río llegó a mi vida, reaparecieron miedos del pasado y mi cuerpo lo manifestó con un dolor muy fuerte en la escápula derecha, la zona de la responsabilidad, del cargar, duelos…

Hace unos días, mientras lo sacaba a pasear, me paré en una piedra mojada y me resbalé.
Casi me caigo. Yo digo que un ángel me sostuvo, porque iba directo a caer en la 🍑 durísimo y del susto sentí un jalón en la espalda baja 🥲.

Desde entonces, ese dolorcito sigue ahí, como una invitación a mirar:
¿desde qué lugar estoy sosteniendo?
¿qué tan presente estoy?
¿qué tan en la mente vivo?

A veces me siento cansada de sostener porque sé que en momentos viene desde la exigencia. Desde esa idea de: “tengo que poder con todo sola”, “tengo que demostrarme que puedo”.

¿Pero a qué costo?

Mientras me hacían el masaje este fin de semana,
sentía el peso, el cansancio, el dolor. También la tristeza. La rabia de sobrepasar mis propios límites
por querer demostrarme algo.

Se sentía como una batalla conmigo misma, y mi cuerpo pagando las consecuencias.

El miedo nos lleva a querer controlar, a hacerlo todo solas. Y mientras tanto, la vida diciendo de mil maneras:
“Aquí estoy para ti.
Yo te sostengo.
Yo te acompaño.”

Pero la terquedad a veces ciega.

Entonces llega el dolor, no como castigo,
sino como un llamado a bajar la guardia, el control,
a volver a la presencia, a bajar de la mente al corazón.

Mientras respiraba, las palabras que llegaban eran simples:

gracias
lo siento
te veo
perdón
te amo

Y vuelvo a respirar y atravieso el dolor que empieza a disiparse a medida que estoy más presente.

Sara💙

Los 4 ingredientes para empezar a cultivar la relación contigo mismaUna de las cosas que más aprecio de mi trabajo es to...
17/01/2026

Los 4 ingredientes para empezar a cultivar la relación contigo misma

Una de las cosas que más aprecio de mi trabajo es todo lo que se abre cuando una mujer se dispone a mirarse y sentirse de verdad.
Cuando nos hacemos preguntas honestas, y nos atrevemos a responderlas, se revelan cosas muy simples… pero profundamente clave.

En una de esas conversaciones íntimas entre mujeres, apareció esta pequeña receta.
Nació de una pregunta sencilla, pero poderosa:

¿Qué necesito hoy que pueda darme yo?

La respuesta fue clara:
tiempo, cuidado, placer y amor.

Suena básico, ¿cierto?
Y aun así, ¿cuántas veces nos damos esto auténticamente?

La mayoría del tiempo estamos posponiendo, reagendando, cancelando.
Dejamos para “después” justo lo que más necesitamos.
Y es en esos pequeños incumplimientos donde, sin darnos cuenta, empezamos a abandonarnos y a alejarnos de nosotras mismas.

Hoy quiero compartir este regalo contigo.
Un regalo que nació de una mujer que se atrevió a escucharse.

Pregúntate con honestidad:
¿Qué estás ignorando hoy que realmente necesitas de ti, para ti?

Aquí va la receta:

1. Tiempo
¿Qué microacción puedes hacer hoy para tener tiempo contigo?
¿Qué deseo se ha repetido en ti, pero sigues postergando?

2. Cuidado
¿Cómo puedes cuidarte hoy?
Por ejemplo: sabes que necesitas un masaje, pero llevas meses posponiéndolo y el cuerpo ya te lo está gritando.

3. Placer
Cocinarte algo rico que llevas tiempo deseando.
Escuchar esa música que amas.
Salir a tomar un café y leer.
Ir a tu clase de baile.
¿Qué te da placer y no te estás permitiendo?

4. Amor
El amor es el resultado de los tres anteriores.
Es darte tiempo, cuidado y placer con presencia.

La mayoría de las veces ya sabemos lo que necesitamos.
Lo que falta no es claridad, es acción amorosa.

Empieza simple.
Observa esa lista mental de cosas que llevas tiempo posponiendo.
Escríbela.
Y elige una microacción • un 1% • que puedas hacer hoy.

Aquí necesitas de tu energía masculina para planear, concretar, ejecutar y sostener.
Y de tu energía femenina para habitarlo, sentirlo y disfrutarlo desde el cuerpo.

Así se empieza a cultivar una relación contigo.
Paso a paso.
Con presencia y con amor.

Sara💙

¿Cómo sabes que algo ya se sanó?
Después de mis talleres…Siguen llegando más claridades, más reflexiones
y también más p...
15/12/2025

¿Cómo sabes que algo ya se sanó?
Después de mis talleres…

Siguen llegando más claridades, más reflexiones
y también más preguntas. A mí me gusta llamar a todo esto regalos.💝

Se mueven piezas internas, como un reloj que ha estado dando la hora en un tiempo distinto.
Y de pronto me doy cuenta, muevo la perilla
y empiezo a marcar el tiempo real.
El tiempo del ahora.

Y con eso llegan más latidos,
más entendimientos, más ajá moments.

Una de las preguntas más frecuentes que resuena y late en mis talleres es esta:
“¿Cómo me sano?”
“¿Cómo sé que ya llegué a ese punto B?”
“He hecho de todo…”
“¿Esto va a cambiar?”

Y si nos vamos a lo más simple y simbólico de la vida, la respuesta es:
sí cambia.
Sí se transforma.
Siempre.

¿Cómo?
Respira aquí, hermosa.
Lee con el corazón 🫀

Se transforma en el momento en que eso que molesta, duele o incomoda deja de doler, de incomodar, de molestar.

Cuando puedo tocarlo, sentirlo, hablar de ello sin que esa sensación interna me desborde.

Es como cuando tienes una herida en el brazo. Sabes que se sanó porque cicatrizó. Pasas el dedo, la mano…
y ya no duele.

Sabes que hubo una herida ahí. Hay una cicatriz. Pero ya no duele.

Esa es tu brújula.🧭

¿Lo puedes ver?

Sara 💙🌬️

QUEREMOS AMAR, PERO SEGUIMOS A LA DEFENSIVA.💞El Encuentro – Taller para hombres y mujeres dispuestos a conectar desde el...
12/11/2025

QUEREMOS AMAR, PERO SEGUIMOS A LA DEFENSIVA.

💞El Encuentro – Taller para hombres y mujeres dispuestos a conectar desde el corazón.

Cuando coincidimos con alguien que nos gusta, la intención es amar y crear intimidad… pero abrirnos es algo que nos cuesta demasiado, confiar o comunicar lo que realmente sentimos ni se diga.

Repetimos patrones, se activan heridas, y sin darnos cuenta terminamos alejando aquello que más deseamos.

Este taller es una experiencia íntima y vivencial donde lo masculino y lo femenino se miran sin sin máscaras, sin estrategias sino desde la esencia.

Un espacio para sanar la desconexión, recuperar la confianza y recordar la belleza del encuentro entre hombre y mujer.

♥️Ceremonia de cacao para abrir el corazón

🪶Dinámicas de conexión y comunicación auténtica

🔥Ritual para salir de la guerra de sexos

💧Integración y herramientas prácticas para tus vínculos

📍Envigado, Antioquia

🗓 Sábado 15 de noviembre | 3pm a 7pm

👥 Cupo limitado: 12 personas (6 hombres y 6 mujeres)

Facilitan: & .chalarcatuberquia

Mentores de procesos de sanación emocional, polaridad masculina y femenina.

💌 Reserva tu cupo enviándonos un mensaje privado o comenta la palabra Encuentro y te enviamos los detalles.

No esperes a que el amor vuelva a doler para aprender a amar distinto.

Nos vemos en El Encuentro.🌹

La vida quiere que vayas más despacio.🌀Que respires más hondo. Que mires más. Que sientas. Que escuches.Nos hemos acostu...
11/11/2025

La vida quiere que vayas más despacio.🌀
Que respires más hondo. Que mires más. Que sientas. Que escuches.

Nos hemos acostumbrado a correr, a hacer, pensar, reaccionar y hemos olvidado el arte de estar.

Hace unos meses, una de mis clientas me decía en una práctica: “No puedo escuchar mi corazón”.
Fue tan impactante tanto para ella, como para mí que esa frase se quedó girando dentro de mí.

¿Cuántas veces vivimos sin escucharnos?
¿Cuántas veces nos desconectamos tanto que ya no sabemos lo que sentimos?

Vivimos como zombis: entumecidas, congeladas, atrapadas en el ruido de la mente.
No porque no queramos sentir, sino porque nunca nos enseñaron a hacerlo sin perdernos en la emoción.

Y ahí entendí algo: la quietud no es solo detenerse.
La quietud es el umbral que te permite sentir.
Cuando bajas el ritmo, el cuerpo empieza a hablar.
Y lo que aparece… son las emociones que habías dejado en pausa.

Leía esta mañana en un post, justo después de esa revelación:

“La verdadera regulación del sistema nervioso empieza ahí: cuando aprendes a sentir sin convertirte en lo que sientes.”

La sentí tan cierta en mi cuerpo.
En mis procesos, eso es justamente lo que practicamos: mirar la emoción sin huir, sin juzgar, sin perdernos en la historia que la mente inventa.

La rabia, el miedo, la tristeza… no son el problema.
El problema es cuando dejamos de sentirlas.

Intenta esto hoy:
siente la emoción.
Respira con ella.
Obsérvala moverse dentro de ti, como una ola que viene y se va. Nómbrala.
Solo acompáñate con tu respiración y dale espacio.

Ahí, en ese instante en que puedes mirar sin ser arrastrada por esa ola, empieza la verdadera transformación.

Y quizá escuches algo muy simple, muy profundo:
la vida susurrándote que vayas más despacio. 🤍

Sara

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