23/06/2020
¿Quién no ha sufrido alguna vez? ¿Quién no ha perdido a alguien?
¿Quién no ha pasado por el dolor del abandono, el rechazo, la burla, la humillación, la violencia o la intolerancia?
Este mensaje está dedicado para ti, si para ti mujer que vives prisionera en casa, a manos de un hombre que lejos de amarte, te lastima, te ofende, te denigra, te golpea no solo el cuerpo, sino también el alma.
Pero al igual este mensaje es para ti niño, niña, adolescente y joven que has tenido que crecer sin el amor de tu padre, para ti que te has sentido el culpable por la separación de tu familia, para ti chica que fuiste abusada, usada y luego tirada como un papel a la basura.
Para ti que no soportas el remordimiento por un día haberte equivocado, para ti que te reprochas tanto por la decisiones que en el pasado tomaste, para ti que robaste, que mentiste, para ti que mataste, que abusaste de alguien, etc...
Este mensaje es para todos aquellos que una vez nos rompimos, por alguna u otra razón se nos hizo pedazos el alma y desde allí nuestra vida no fue la misma.
Hoy quiero decirte que te entiendo, que comprendo tu dolor como un día Jesús comprendió el mio. Pero sobre todo y más importante debo decirte que NADA DE LO QUE SUCEDIÓ FUE TU CULPA, si, así como lo lees, NO FUE TU CULPA. Quizá esto te vuele la tapa, te estremezca por dentro, y aunque te incomode, es la verdad.
Con esto no pretendo exonerarte de tu responsabilidad ante ciertos actos, lo que pretendo mostrarte es que la culpa y la vergüenza te han hecho pensar que no tendrás una vida mejor, o que no mereces ser feliz, que no mereces tener nuevas oportunidades y por ello te castigas una y mil veces por algo que solo hiciste una vez. Hoy vengo para decirte que dejes ir esa vergüenza, acepta que Jesús murió en la cruz por ti, precisamente para cargar con tu culpa y con la mía, Él se hizo pecador para que tu no lo seas más, el se hizo culpable para liberarnos a ti y a mi, el problema es que nos cuesta aceptar su perdón, su salvación y su amor.
No nos acercamos a Dios por temor a ser rechazados, porque nuestros pensamientos nos acusan, nos hacen sentir miserables, pero la palabra de Dios nos enseña que el sol sale tanto para los buenos como para los malos, que la lluvia cae sobre los justos y los injustos, porque Dios nos ama, así tal cual como somos.
Oye mujer, hombre, joven, adulto, anciano, niño, Dios te ama así, tal cual como eres, él te ama roto, sucio, lastimado, arrepentido, él te ama aunque le hayas hecho daño a otros, ÉL TE AMA y esa es la verdad que puede hacerte libre, sólo si la aceptas.
No tienes que ser perfecto para que Dios te ame, es más, no tienes que hacer nada para ganar su amor, porque desde antes que nacieras él ya te amaba, ya te conocía. No pongas tu mirada en el hombre, que tu esposo o tu madre o tu esposa te hayan abandonado, no significa que Dios también te abandonará...
Dios siempre estará, porque a diferencia de otros, él siempre se queda, cuando fracasas, cuando te caes, cuando matas, cuando robas, cuando ofendes, cuando te lastiman, cuando te golpean, cuando sufres, cuando no tienes ánimo, él siempre se queda, aunque sientas que no lo mereces, él siempre se queda a tu lado.
Él no te juzga, por el contrario, porque te ama te corrige, trabaja en tu carácter, te ayuda a ser mejor y te da la valentía para reparar todos tus errores, porque él es el Dios de las oportunidades.
Deja de poner atención en las palabras ofensivas y sin autoridad de los demás, mejor escucha y graba estas en tu corazón, porque te habla alguien que también fue rota, te habla una mujer que tuvo noches y días amargos, una mujer a la que la vida la hizo pedazos, pero una mujer a la que los golpes de la vida le enseñaron que las cicatrices son heridas de guerra, son un trofeo que muestra que aunque me dolió, estuve en el campo de batalla y vencí.
Soy psicóloga, profesional y psicoterapéuta y te puedo decir con toda autoridad que nadie se escapa del dolor, nadie está exento de equivocarse, porque yo tambíen lastimé, yo también ofendí y maté con mis palabras. Pero fue Dios, ese hermoso padre que con su gracia me dió una nueva oportunidad, fue él quien reparó mis heridas, quién juntó una a una las piezas de mi corazón, corazón que ahora ama ayudar a la gente rota, a esas personas que no encuentran salida.
Hoy vengo para decirte que las heridas que ahora tienes, son justo las que Dios necesita para que tu puedas sanar a otros, es justo lo que Dios necesita usar para capacitarte para que un día así como yo, puedas hablarle a otros que también están rotos.
No tengas vergüenza de ti, no tengas temor a entregarte en manos de Jesús, solo él puede sanar lo que pasó, solo el sana lo que hiciste y te da la fuerza, la resiliencia para levantarte.
Cierto día en una publicación escribía que: Mi resiliencia la encontré en su palabra. Y qué real es esto, sino fuera por su palabra, por sus consejos y su amor, quizá hoy yo no existiría. Pero vivo y existo porque él le dió sentido a mis heridas, así como Dios le dió sentido a las heridas de Jesús, y por si no lo sabes, tu y yo somos el sentido de esas heridas.
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