15/11/2025
En estos tiempos, donde vemos tensiones entre figuras políticas, medios de comunicación y ciudadanos, es importante recordar algo: todos estamos heridos de alguna manera.
Los medios tienen sus heridas por lo que ha pasado.
El presidente también tiene heridas por lo que ha vivido.
Y como sociedad, también cargamos las nuestras.
Cuando actuamos desde la herida, bloqueamos la energía.
Cuando actuamos desde la madurez, abrimos caminos.
Creo que siempre debería existir espacio para el diálogo, para la escucha y para la posibilidad de sanar. Pero eso solo ocurre cuando cada quien actúa desde el rol que le corresponde. Igual que en una familia: un hijo difícilmente sanará la relación con su padre creyéndose superior a él, diciéndole qué hacer o tomando un rol que no le pertenece.
Lo mismo pasa a nivel país:
la figura presidencial es, metafóricamente, la figura del padre.
Un símbolo de autoridad, estructura y dirección.
No se trata de estar de acuerdo en todo, sino de respetar el rol.
No de devolver lo mismo que recibimos, sino de elevar la energía.
Porque si respondemos con la misma intensidad, con la misma herida y con la misma rabia… nos convertimos exactamente en aquello que criticamos.
Desde afuera es fácil ver las falencias de cada uno.
Es fácil creer que nosotros lo haríamos mejor.
Es como estar en la gradería opinando sobre la corrida, mientras otro tiene el toro por los cuernos.
Por eso creo que el camino siempre debe ser este:
mantener las puertas abiertas, mostrar interés en construir, buscar hacer las cosas mejor y recordar que solo sanamos cuando dejamos de atacar desde la herida y empezamos a actuar desde la conciencia.
Que este momento sea una oportunidad para madurar, no para dividirnos.
Para crecer, no para destruir.
Para elevarnos, no para repetir lo de siempre.
Álvaro Baudrit V
Coach de Bienestar