24/11/2025
Anoche, en medio del festival navideño del Centro educativo de mi hijo, pasó algo que me dejó el corazón lleno. Mientras todos los niños esperaban los confites de la piñata, mi hijo notó algo que casi nadie vio: Santa estaba un poco estresado. Se le acercó y le preguntó con toda su ternura: “Santa, ¿por qué estás preocupado?” Y Santa le respondió: “Es que no quiero que se vayan a golpear.”
Me conmovió verlo detenerse a mirar más allá del momento… cómo busca entender las emociones, cómo se interesa por el corazón de los demás. Donde muchos estaban atentos a los confites, él estaba atento al corazón de Santa. Y con su voz tan dulce le dijo: “Tranquilo Santa, ahorita te vas en tu trineo.”
Y ahí, entre esa inocencia y esa empatía, entendí que sí estoy haciendo un buen trabajo como mamá. Porque gestos así no se enseñan solo con palabras… se cultivan con presencia, amor y ejemplo 🥰👌.
Y quiero compartirles esto a todas las madres: siempre habrá quienes juzguen cómo criamos. Pero los comentarios malintencionados, las críticas injustas y las opiniones sin fundamento se desvanecen con el tiempo… porque la realidad —la forma en que nuestros hijos sienten, actúan, crecen y se expresan— termina hablando más fuerte que cualquier voz externa.
Sigamos enfocadas en lo esencial: nuestros hijos, su mundo interior y el amor con que los acompañamos. Todo lo demás pierde importancia.
Psicóloga Fernanda Fallas 🐝❤️