14/02/2026
Descarga la edición 2072 de En Marcha, en archivo PDF: https://bit.ly/460olxA
Solidaridad con Cuba y su pueblo
La orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el 29 de enero, que autoriza la imposición de aranceles a países que suministren petróleo a Cuba, se convierte en una nueva medida de presión económica, pues amplía y profundiza el bloqueo histórico que ha sufrido por décadas. El impacto que busca crear Trump es aislar a la economía cubana, golpear la producción energética y suspender su capacidad productiva, y al mismo tiempo, crear asfixia energética y financiera en la población para debilitar al gobierno cubano.
Cuba ha sostenido su proyecto político y su forma de gobierno desde la revolución en 1959. Ha sido un símbolo de resistencia antiimperialista para los países del mundo, en especial, de América. Durante casi siete décadas, ha defendido su soberanía y su territorio de las garras del imperialismo estadounidense. Con el embargo comercial, vigente desde los años 60 del siglo pasado, Estados Unidos buscó aislar a Cuba y sentar un ejemplo de lo que puede pasar a otros países si se resisten a la dominación y hoy, con este nuevo embargo, pretende pisotear la dignidad de todo un pueblo y liquidar todo vestigio de revolución.
Trump ya no solo ahoga a Cuba, hoy, se arroga la facultad de castigar con más aranceles a terceros países que mantengan relaciones comerciales con la isla, aun cuando dichas transacciones sean legales conforme al derecho internacional. El foco de la orden ejecutiva está puesto en el suministro de petróleo, insumo estratégico para la generación eléctrica estable, el transporte público, la producción industrial, el funcionamiento de hospitales, mantener activos los sistemas de bombeo de agua y otras actividades indispensables. Es decir, Trump busca disuadir a otros gobiernos de sostener el comercio con Cuba y ahogarla económicamente. El propósito final es golpear de todas las formas posibles al gobierno cubano hasta derrocarlo.
El impacto de la medida económica afecta no solo generación energética, pues aunque las restricciones no son explícitas, ya tienen repercusiones: los bancos internacionales evitarán procesar pagos vinculados a Cuba por temor a represalias estadounidenses; las aseguradoras se negarán a cubrir cargamentos; las navieras no atracarán en puertos cubanos para no exponerse a sanciones. Por otro lado, aquellos países que todavía intenten comerciar con Cuba, enfrentarán costos crecientes en el ingreso de mercancías a Estados Unidos. Este es, por ejemplo, el caso de México, cuya exportación primaria es principalmente con Estados Unidos y que hoy podrían encarecerse debido a sus exportaciones petroleras a Cuba, que en diciembre de 2025 alcanzaban el 44 % de lo que importaba la isla. Esta nueva escalada de Estados Unidos contra Cuba constituye una violación del derecho internacional pues, bajo la amenaza de cerrar los mercados estadounidenses o encarecer sus importaciones, coacciona a gobiernos soberanos de otros países para restringir sus actividades comerciales con Cuba.
El imperialismo estadounidense, una vez más, desconoce el principio de autodeterminación de los pueblos y la soberanía, justifica el asedio a Cuba y el intervencionismo en sus relaciones comerciales en nombre de la “democracia” y los derechos humanos. En compensación con este recrudecimiento del bloqueo, Trump ofrece entregar USD 6 millones en “ayuda humanitaria”, golpeando la dignidad del pueblo cubano con migajas.
Los gobiernos de varios países se han pronunciado en contra de esta orden de Trump, así como organizaciones sociales y políticas del continente entero, quienes extienden su solidaridad con la lucha que mantiene Cuba desde hace décadas contra el imperialismo, por su derecho a vivir bajo sus propias reglas, mantener su forma propia de gobierno y defender su soberanía y recursos. Debemos fortalecer esta solidaridad con el pueblo cubano, ejemplo de lucha contra el antiimperialismo y el intervencionismo yanqui.