24/03/2026
Hay cosas que incomodan.
Pero no por eso dejan de ser importantes.
Educar a un niño en la protección de su cuerpo empieza mucho antes de lo que pensamos.
Empieza por algo tan simple como esto: llamar a las cosas por su nombre. Pene, vulva…
Sin apodos. Sin vergüenza. Porque lo que no se nombra no se puede explicar ni proteger.
Y también empieza por respetar sus límites:
No, no tiene que dar besos si no quiere. Ni abrazos. Ni muestras de cariño obligadas.
Porque cuando les enseñamos que “tienen que hacerlo”, les estamos enseñando justo lo contrario de lo que necesitan: que su cuerpo no les pertenece del todo.
Y eso, sin querer, los hace más vulnerables.
Educar en esto no es adelantar etapas.
Es darles herramientas para decir no, para identificar situaciones incómodas y para pedir ayuda.
Si no sabes cómo abordar esta conversación según la edad de tu hijo,
escríbenos. Te ayudamos a hacerlo bien.