14/12/2025
Liverpool, Inglaterra. 23 de octubre de 2006. Una familia común pasea por el centro de la ciudad cuando algo extraordinario sucede. Ryan Mckenna, un niño de apenas 5 años, se detiene abruptamente frente a una tienda de discos. Sus ojos se fijan en un póster gigante de los Beatles colgado en el escaparate.
- Mamá, ese soy yo cuando era famoso.
La madre Sara Mckenna, ríe nerviosamente.
- Ryan, querido, esos son los Beatles. Es una banda muy antigua.
Pero Ryan no se mueve. Señala directamente a John Lennon en la foto y repite con una convicción aterradora.
- No, mamá, ese soy yo. Yo era famoso y cantaba para mucha gente y ellos gritaban muy fuerte.
Sara siente un frío en la espalda. ¿Cómo un niño de 5 años podría conocer a los Beatles? Nunca habían escuchado esa música en casa. Nunca habían hablado de bandas antiguas. Bryan apenas sabía hablar bien hace dos años.
- Bryan, nunca has visto esta foto antes en tu vida, -dice el padre tratando de ser racional.
- Sí la he visto, papá. Recuerdo cuando tomaron esta foto. Hacía mucho calor ese día y Paul estaba nervioso.
Los padres se miran helados. Paul, ¿cómo sabría el nombre de Paul McCartney?
- Puedo probar que soy él, -declara Ryan con la seriedad de un adulto-. Sé cosas que nadie más sabe. Sé dónde escondí cosas especiales. Sé canciones que nunca canté para nadie.
Sara toma a su hijo de la mano tratando de calmarse.
- Vámonos a casa, Ryan.
- Está bien, mamá, pero un día me vas a creer. Te lo prometo.
Lo que estás a punto de leer es considerado por los especialistas en reencarnación como el caso más documentado e impactante jamás registrado.
Una historia que desafiará todo lo que crees sobre la vida, la muerte y la continuidad del alma humana. Porque lo que comenzó como un juego de niños se convertiría en la investigación más perturbadora de los últimos 50 años.
Pero lo que Sara y Michael Mckenna acababan de presenciar era solo el comienzo. Durante las siguientes semanas, Ryan comenzó a mostrar comportamientos que helaron la sangre de sus padres.
En casa, el niño de 5 años empezó a tararear melodías complejas que jamás había escuchado. Cuando Sara le preguntaba dónde había aprendido esas canciones, Ryan respondía con naturalidad: "Yo las escribí cuando era grande".
El primer incidente realmente perturbador ocurrió durante una cena familiar. Ryan estaba jugando con sus juguetes cuando de repente comenzó a hablar en inglés perfecto con un acento de Liverpool de los años 60. Sus padres se miraron confundidos. Ryan apenas chapurreaba algunas palabras en inglés básico que había aprendido en el jardín de infantes.
“I used to live in a big white house with Yoko”, murmuró mientras movía sus pequeños autos juguete.
- She had long black hair and always wore white clothes.
Sara se levantó de la mesa temblando.
- Ryan, ¿de dónde sacaste esas palabras? ¿Quién es Yoko?
Ryan la miró con ojos que parecían demasiado viejos para su rostro.
- Era mi esposa, mamá, la extraño mucho.
Pero la revelación más escalofriante llegó una semana después.
Michael decidió poner música de los Beatles para ver cómo reaccionaba su hijo. Cuando sonó "Here comes the sun", Ryan corrió hacia el equipo de sonido y gritó,
- Apágalo, apágalo. George está tocando mi guitarra.
Los padres se quedaron paralizados. ¿Cómo un niño de 5 años sabía que George Harrison tocaba la guitarra en esa canción? ¿Y por qué la llamaba su guitarra? Ryan comenzó a llorar desconsoladamente.
Entre soyozos repetía
- Yo escribí esa canción. Yo la escribí para Julian. Era para mi niño.
Sara tomó a Ryan en brazos, pero el niño siguió llorando.
- Mamá, ¿por qué no puedo tocar mis instrumentos? ¿Dónde están mis guitarras? ¿Dónde está mi piano blanco?
Esa noche los padres no pudieron dormir. Lo que estaba ocurriendo desafiaba toda lógica.
Su hijo de 5 años no solo conocía detalles íntimos sobre John Lennon, sino que hablaba de él como si fuera él mismo. Pero lo más aterrador estaba por llegar.
Tres semanas después del incidente con la música, Sara Mckenna tomó una decisión que cambiaría todo. Desesperada por entender lo que le estaba pasando a su hijo, decidió llevarlo al museo de los Beatles en Liverpool.
Su plan era simple. Si Ryan realmente creía ser John Lennon, este lugar pondría fin a la fantasía de una vez por todas. El 18 de noviembre de 2006, a las 10:30 de la mañana, la familia Mckenna cruzó las puertas del museo. Ryan caminaba tranquilo, tomado de la mano de su madre, sin mostrar ningún signo de reconocimiento especial.
Pero todo cambió cuando llegaron a la primera sala de exhibición. Ryan se soltó de la mano de su madre y corrió hacia una vitrina específica. Sus pequeñas manos se presionaron contra el vidrio mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
- ¡Esta es mi guitarra! -gritó señalando una Rickenbacker de 12 cuerdas-. La compré en Nueva York en 1964. Y tiene una rayadura aquí -dijo, señalando exactamente dónde.
Años después los expertos confirmarían que existía una pequeña marca. El guía del museo, Thomas Mitchell, se acercó curioso.
- Pequeño, esa es la guitarra de John Lennon, pero no tiene ninguna rayadura visible.
Bryan lo miró con ojos llenos de lágrimas.
- Sí, la tiene. Está debajo de la segunda cuerda. Se hizo cuando la dejé caer en el estudio de Aby Road durante la grabación de Norwegian Wood.
Thomas sintió un escalofrío. Ese detalle específico no estaba en ningún libro, no estaba en ninguna biografía oficial. Era información que solo John Lennon, George Martin o los técnicos de sonido podrían conocer.
Pero Ryan no se detuvo ahí.
Se dirigió directamente hacia otra sección del museo, como si hubiera caminado por esos pasillos mil veces antes. Se paró frente a una fotografía en blanco y negro de la Cavern Club.
- Aquí tocamos 292 veces, -murmuró-. El escenario era muy pequeño y siempre hacía mucho calor. Paul siempre se quejaba del olor.
Sara se acercó temblando.
- Bryan, ¿cómo sabes eso?
- Porque yo estaba ahí, mamá. Mira, -señaló una esquina específica de la fotografía-. Ahí es donde siempre dejaba mi armónica entre canciones. Pittest siempre la movía y me molestaba mucho.
Thomas Mitchell había trabajado en el museo por 15 años. Había memorizado cada biografía, cada libro, cada documento sobre los Beatles, pero nunca había leído sobre la armónica en esa esquina específica.