04/03/2026
*La CULPA*
La culpa es una emoción poderosa que muchas veces se instala en la infancia como mecanismo de defensa.
Cuando un niño o una niña es maltratadx, cada grito o golpe puede vivirse como si fuera su culpa. Y cuando mamá o papá están deprimidos o emocionalmente ausentes, el abandono duele igual. Entonces aparece una idea silenciosa: si consigo que estén bien, si cambio, si no molesto o lo hago mejor, el daño se detendrá.
La culpa se usa como protección. A veces, es menos insoportable pensar “hay algo mal en mí” que aceptar que quienes deben cuidarme o tratarme bien, no pueden hacerlo. Lxs niñxs no pueden ponerse a salvo. Dependen. Y la impotencia colapsa.
Al hacerse culpables aparece una fantasía de control: puedo hacer algo. Así nace la hipervigilancia. Personas hipersensibles, que perciben cada microgesto, cada cambio de tono, que intentan agradar, adaptarse o triunfar para obtener validación… o sostener a los demás para no ser ignoradxs o dañadxs.
Pero esa estrategia no protege. Nadie puede salvar a un adulto de su propia herida. No eras responsable del maltrato ni del abandono emocional.
En la adultez, cuando esto se comprende, emerge un dolor antiguo que nunca pudo sentirse. Mientras intentabas evitar el daño, no pudiste atender el daño. Y se instaló una autoexigencia infinita: nunca es ni será suficiente. Porque, en el fondo, lo que intentas conquistar no es éxito ni perfección, sino sentirte por fin suficiente para ser vistx, cuidadx, respetadx, bien queridx y vivir tu propia vida.
Esta culpa de la que hablo aquí, no es la culpa sana que ayuda a reparar. Es una culpa defensiva que evita el dolor original. Sanar implica darle espacio a ese dolor que fue demasiado grande para sostener en la infancia.
Hoy ya no necesitas ese mecanismo.
Eres suficiente.
No hay nada defectuoso en ti.
Tienes derecho a vivir tu propia vida.
Eres dignx de buen trato y buen amor.
Te puedes cuidar.
Acompañar esa herida es parte del camino hacia tu libertad.
Para sanar un daño, hay que sentir el dolor… Ojalá hubiera otra opción, pero no podemos sanar lo que no sentimos. El dolor es el maestro. El amor el método.