26/10/2025
A veces no vuelves porque lo amas.
Vuelves porque tu cerebro se ha vuelto adicto al ciclo de la relación.
Cuando discutes y después te reconcilias, tu cerebro libera dopamina y adrenalina.
Esos picos químicos te hacen sentir vivo, conectado… incluso eufórico.
Y con el tiempo, tu cerebro empieza a buscar esa montaña rusa emocional, como si fuera una droga.
Por eso, una relación basada en el sufrimiento puede convertirse en una adicción emocional.
No porque quieras más, sino porque tu cuerpo necesita ese chute de dopamina para sentirse bien.
La buena noticia es que esto se puede tratar.
Con ayuda profesional puedes romper ese patrón, sanar el vínculo y recuperar el equilibrio entre el deseo, el placer y la calma.
En nuestro equipo somos especialistas en sexología y relaciones,
y podemos acompañarte a construir vínculos más sanos, donde amar no duela,
y el placer no dependa del sufrimiento.