22/08/2025
Dicen que hay un lugar
donde cada suspiro queda guardado,
donde el eco de tus pasos
convive con los sueños que aún no has tenido.
Allí no hay relojes,
pero se siente el pulso de todas las eras.
Un viajero antiguo me contó,
sin palabras, solo con mirada,
que cuando una madre canta,
esa canción nunca muere,
que cuando un niño ríe,
el universo se expande un poco más.
Me dijo también
que el amor que damos no se pierde,
que se vuelve hilo,
tejiendo la memoria secreta de todo lo que existe.
Quizá el Akasha no sea un sitio,
sino una piel invisible que nos envuelve,
un océano de memorias vivas
donde tu voz, la mía,
y las de quienes aún no nacen,
bailan juntas en silencio.
Y al saberlo,
uno ya no teme el olvido,
porque entiende
que lo que ama
ya pertenece a la eternidad.