27/11/2025
Hay que desenmascarar a los monstruos…. Por genios que parezcan. A mi particularmente no me gusta ni su obra. Y ahora que sé esto tampoco me gusta el. Otro mito desmitificado. Que importante es el saber …. De todo ‼️❤️
Tenía 21 años cuando lo conoció.
Él, 61.
Y cuando quiso marcharse, Pablo Picasso —genio para el mundo, tormento para las mujeres que lo amaron— sonrió con arrogancia y dijo:
«Nadie abandona a Picasso.»
Pero ella sí lo hizo.
Durante décadas, Picasso convirtió a sus musas en ruinas humanas.
No es metáfora.
Es historia.
Marie-Thérèse Walter se ahorcó cuatro años después de la muerte del artista.
Dora Maar pasó por largos internamientos psiquiátricos tras ser desechada.
Jacqueline Roque se quitó la vida trece años después de quedar viuda.
Picasso solía decir:
«Las mujeres son diosas o felpudos.»
«Máquinas de sufrir.»
Las admiraba, luego las consumía.
Las pintaba, luego las rompía.
Las dejaba sin obra, sin nombre, sin sí mismas.
Todas cayeron.
Menos una.
Françoise Gilot.
París, 1943.
Ciudad ocupada. Cafés en susurro. El miedo en el aire.
En una sala llena de humo, se encuentran por primera vez:
Picasso, 61 años.
Françoise, 21, estudiante de arte, mirada firme, ideas propias.
Él intenta imponerse:
«Podría ser tu padre.»
Ella responde sin inclinarse:
«Tú no eres mi padre.»
Ese fue el primer golpe.
El único que salió desde el otro lado.
Vivieron juntos una década: amor, tensión, lienzos y guerra emocional.
Tuvieron dos hijos —Claude y Paloma— y cientos de retratos.
Pero Françoise comprendió algo que otras no lograron ver con claridad:
> «Picasso necesitaba destruir aquello que más amaba.»
El encanto inicial cedió a la humillación, al control, a la posesión total.
Cada gesto de independencia era una ofensa.
Cada avance artístico de ella, una amenaza.
Y un día, sin gritos ni lágrimas, solo con lucidez, se dijo:
Estoy viva. Y aún puedo salvarme.
Tenía 32 años cuando lo dejó.
Picasso rió, incrédulo:
«Nadie deja a Picasso.»
Ella salió por la puerta.
Él intentó borrarla del arte.
Galeristas, críticos, museos: llamó a todos.
Dijo que sin él no era nadie.
Françoise siguió pintando.
Lienzo a lienzo.
Ciudad a ciudad.
Con dos niños, con dignidad, con calma.
En 1964, publicó Vida con Picasso, un testimonio que derrumbó silencios y mostró al mundo un genio capaz de devorar a quienes lo rodeaban.
Picasso intentó prohibirlo.
El mundo lo leyó de todos modos.
No fue venganza. Fue supervivencia.
> «Le debía la verdad a otras mujeres.»
Años más tarde, el destino puso frente a ella otro universo: Jonas Salk, creador de la vacuna contra la polio.
Donde Picasso ansiaba poseer, Salk buscaba sanar.
Se casaron en 1970.
Amor sin sometimiento.
Respeto sin miedo.
Mientras tanto, la obra de Gilot crecía —Met, MoMA, Pompidou— museos que la recibieron no por ser ex de Picasso, sino por ser Françoise Gilot.
Una artista completa.
Una mujer libre.
Picasso murió en 1973, a los 91, rodeado de fama, pero también de los vacíos que él mismo creó.
Françoise vivió hasta 2023, lúcida, activa, dueña de sí.
Cincuenta años más de luz que él.
Cincuenta años de prueba definitiva.
Cuando le preguntaron cómo encontró fuerza para irse, respondió:
«Porque la libertad es el único amor que vale la pena conservar.»
Picasso pintó su rostro cientos de veces intentando poseerlo.
Ella pintó su destino una sola vez —y fue suficiente.
Él marcó la historia del arte.
Ella marcó la del coraje.
Françoise Gilot no fue musa.
Fue resistencia.
La única mujer que no fue destruida por Picasso.
La única que decidió ser libre.