27/11/2025
Aquí, justo al lado, recuperan el servicio militar, ante un escenario de guerra que consideran, como mínimo, posible.
Una parte importante de nuestra juventud, sin capacidad crítica más allá de sus pulsiones fundamentales y la programación que les entra a través de las pantallas, cree que el régimen de un dictador genocida, en el que no vivieron, y de cuyas consecuencias para tantos millones de personas no tienen ni remota idea, es un escenario mejor que el democrático. Les pasa como con los juguetes de Reyes, reciben tantos, y sin necesidad de merecerlo, que no los valoran. Aún recuerdo cómo mi abuelo y mi madre, cuando yo no tendría más de 3 o 4 años, preguntaron a un niño que se acercó en la calle a jugar con mis juguetes, qué le habían traído a él los Reyes, el niño contestó que ese año no habían podido pasar por su casa, y preguntó si podía jugar con los míos. Mi madre, con los ojos llenos de lágrimas, le dio mis juguetes, y mi abuelo sacó todo el dinero que llevaba en los bolsillos y se lo dio para que se lo llevara a sus padres.
Para quienes dieron la vida y la libertad para salir de una dictadura, la democracia no es un regalo, sino algo que ha costado la sangre, el sudor y las lágrimas de muchas personas.
Ver ahora cómo hay gente que la desecha como un juguete más, da buena cuenta del grado de conciencia de jóvenes y adultos que se la han encontrado sin ningún esfuerzo por su parte.
La posibilidad de la guerra en nuestras puertas, el auge del autoritarismo en todo el mundo, la creciente desigualdad... son muestras del repunte de la sombra global. En el eterno combate entre bien y mal, este último parece avanzar posiciones. O hace lo de antes, pero con la careta ya quitada, porque olfatea el aroma sombrío creciendo en la humanidad, y se eleva su frecuencia, como los tiburones incrementan su velocidad al sentir el olor a sangre a kilómetros de distancia. El fotograma no es halagador, pero no debemos olvidar que es más importante la película y, sobre todo, el observador.
A la persona experimentada en el Zen, nada de esto le es ajeno, pues lleva mucho tiempo sosteniendo la mirada ante ese tipo de movimientos, que se repiten en su interior.
Pero llega un momento en que cae en la cuenta de que bien y mal son relativos, y que en la Totalidad, solo existe el Bien.
No sé si terminaremos sufriendo guerras o dictaduras, pero sí sé que la experiencia última, sean cuales sean las circunstancias, está preñada de una Inteligencia y una Compasión inabarcables para el razonamiento humano. Y también sé que, cuando te quitas de enmedio y te dejas en manos de ambas, lo que sucede, por duro o agradable que sea, es lo correcto. Y lo que vivas, por cómodo o incómodo que sea, está sostenido por una inexplicable paz. Y que eso no es para vivirlo un rato al día sentado en un cojín, sino para rendirte y dejar que permee tu vida entera, tus emociones, pensamientos y acciones, la manera en que te relacionas contigo mismx, con lxs demás, la naturaleza y el mundo en general.
Y eso, lo transforma todo.
El impulso a confiar en eso que no cabe en ninguna definición, es Bodaishin. La Fe en el impulso hacia el Bien. Satori, la iluminación, no es coleccionar experiencias que puedas contar a otros o guardártelas para disfrutarlas en soledad. Satori es, en esencia, seguir confiando en la Vida a pesar de todo, pase lo que pase, poniéndote al servicio de esa Inteligencia-Compasión. Satori es dejarte caminar por el Camino. Satori es seguir adelante.
Sigamos caminando. No estamos solxs. Nunca lo hemos estado.