10/01/2026
Así como cuidamos lo que comemos para nutrir nuestro cuerpo, también deberíamos prestar atención a con qué alimentamos nuestro espíritu. 🌱
No solo somos carne, huesos y rutinas; somos pensamientos, emociones, creencias y energía en constante movimiento.
Cuando alimentamos mal el cuerpo —con exceso, carencias o descuido— tarde o temprano aparece el desequilibrio: cansancio, dolor, enfermedad. Con el espíritu ocurre exactamente lo mismo. Si lo nutrimos solo de ruido, prisas, exigencias, comparaciones o miedos, empezamos a enfermarnos por dentro. Tal vez no siempre se note de inmediato, pero se manifiesta en forma de ansiedad, vacío, tristeza, desconexión o falta de propósito.
Alimentar el espíritu es elegir conscientemente qué dejamos entrar en nuestra mente y en nuestro corazón. Es regalarnos silencio, descanso, naturaleza, palabras que sanan, vínculos que suman, prácticas que nos conectan y momentos de presencia real. Es escucharnos, respetarnos y recordarnos que el bienestar no es solo físico, sino integral.
Cuidar el espíritu no es un lujo, es una necesidad. Porque cuando el espíritu está nutrido, el cuerpo responde mejor, la mente se aquieta y la vida fluye con mayor coherencia. Sanar no siempre empieza con una pastilla; muchas veces empieza con una elección interna. ✨
¿Qué estás usando hoy para alimentar tu cuerpo… y qué estás usando para alimentar tu espíritu?