18/02/2026
HOY NO COMO CARNE. Y NO ME VAS A CONVENCER DE LO CONTRARIO
Hoy es Miércoles de Ceniza.
No te voy a dar un sermón. No soy cura. Tampoco soy santa.
Pero cada año, hago vigilia. Y alguien me dice que por qué, que si soy religiosa, que si me he vuelto loca.
En el año 325, el Concilio de Nicea codificó el ayuno cuaresmal como práctica en el mundo cristiano.
Pero la costumbre de abstenerse de carne en determinados días ya existía mucho antes. Los griegos lo hacían. Los egipcios también. Todas las grandes civilizaciones han tenido períodos de restricción alimentaria.
No es casualidad. Es sabiduría acumulada durante milenios.
Yo no hago vigilia porque Dios me vaya a castigar si me como un filete.
Lo hago porque soy consciente de que vivo en un privilegio obsceno. Tengo quirófano, instrumental estéril, anestesia, antibióticos. Tengo todo lo que el 90% de los humanos que han existido y existen sobre este planeta nunca tuvieron.
Y esa cadena de civilización, de conocimiento, de sacrificio colectivo, merece al menos un día de respeto.
Un día.
Veinticuatro horas sin carne.
Desde el punto de vista médico, no te va a pasar nada. Las proteínas vegetales existen. Las legumbres existen. El pescado existe. Tu microbiota intestinal, de hecho, te lo va a agradecer.
Reducir el consumo de carne roja procesada tiene evidencia sólida en prevención cardiovascular y de ciertos cánceres.
Pero lo más importante no es eso.
Es comer consciente. Pensar qué metes en el cuerpo. Por qué y cuándo.
Romper el piloto automático aunque sea un día.
Eso, para mí, vale más que cualquier dieta de moda.
Te invito a probarlo.
Un solo día.