14/12/2025
Nos han enseñado a arreglar.
A mejorar.
A optimizar.
A corregir lo que “no funciona”.
El cuerpo.
La piel.
Las emociones.
La vida.
Pero acompañar no va de señalar lo que está mal.
Va de quedarse cuando algo se desordena.
De escuchar sin prisa.
De no forzar procesos que necesitan tiempo.
Corregir es rápido.
Acompañar es profundo.
Corregir exige resultados.
Acompañar sostiene el proceso.
Y muchas mujeres no necesitan que nadie les diga qué hacer.
Necesitan un espacio donde no tengan que demostrarse nada.
Donde no se las empuje a mejorar,
sino a entenderse.
Porque cuando una mujer se siente acompañada,
el cuerpo se relaja.
La exigencia baja.
La energía se recoloca.
Y desde ahí —no desde la corrección—
es donde empiezan los cambios que de verdad permanecen.
MöN 🌿