18/04/2026
¿Reconoces el cansancio de vigilar cada gesto, de ajustar cada palabra, de corregirte constantemente para no salirte del personaje?. De intentar ser coherente con una versión de ti que, en el fondo, se siente cada vez más estrecha. Como si llevaras una máscara que al principio encajaba, pero que con el tiempo empieza a pesar. Y, sin embargo, la vida sigue ocurriendo.
Los días avanzan sin preguntarte si estás listo, las acciones suceden incluso cuando dudas, incluso cuando te sientes perdido. No necesitas sostener el mundo para que el mundo continúe. Tampoco necesitas sostenerte a ti como si fueras algo que pudiera desmoronarse en cualquier momento.
Tal vez ese cansancio no sea un problema que resolver, sino una señal.
Una grieta en la idea de que tienes que ser alguien fijo, definido, controlado. Una invitación —aunque incómoda— a soltar el esfuerzo de mantener una identidad como si fuera lo único que te mantiene en pie.
Porque cuando dejas de sostener esa imagen, aunque sea por un instante, algo se revela. No desapareces, sino que queda algo más simple, más vivo, más real. Algo que no necesita ser defendido ni explicado. Algo que ya está siendo, incluso cuando estás cansado de intentar ser.
Y quizá, en ese descanso inesperado, descubres que la vida no te estaba pidiendo que fueras alguien, solo que estuvieras.