06/02/2026
A veces el cuerpo sabe antes que la mente.
Sabe cuándo está a salvo.
Cuándo puede aflojar.
Cuándo el corazón deja de defenderse.
El amor, cuando es verdadero, no grita…
se siente.
Se posa en la respiración, en la calma, en esa presencia que lo llena todo sin pedir nada.
Y quizá por eso conmueve tanto:
porque nos devuelve al instante.
A lo único real.
A lo único que no necesita garantías.
Solo estar.
Solo sentir.
Solo vivirlo.
La primera sombra La mañana llegó con un silencio especial, como si la casa todavía guardara el secreto de la noche anterior. Ursula despertó antes que la luz. No se movió. Permaneció quieta, escuc…