17/03/2026
Hay algo particular en esta etapa de mi vida, y sospecho que muchas lo entenderán.
Estoy empezando a imaginar a esa personita que viene: verla, conocerla, descubrir quién será y, casi al mismo tiempo, me encuentro pensando en el papel que me tocará a mí.
Una no llega a ser abuela de repente. Para cuando ese momento aparece, ya ha vivido muchas vidas: ha sido hija, nieta, niña, adolescente, joven… ha aprendido, se ha equivocado; ha amado, ha perdido y ha vuelto a empezar.
Quizás por eso las abuelas parecen saber algunas cosas —por no decir muchas—, no porque tengan todas las respuestas, sino porque ya vienen con una vida entera a cuestas.
Y ahí es donde lo entiendo mejor.
No se trata de resolverlo todo.
Se trata de acompañar.
La vida va cambiando nuestros papeles. Empezamos siendo hijas y, un día, casi sin darnos cuenta, nos encontramos en el otro lado… o en varios a la vez.
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