17/02/2026
A veces el diagnóstico no solo impacta el cuerpo.
Impacta la identidad.
Sin darnos cuenta, la vida empieza a organizarse alrededor de citas médicas, resultados, tratamientos… y la persona puede empezar a sentirse reducida a una sola palabra.
La investigación en psicooncología habla de algo importante: Cuando la identidad se estrecha exclusivamente a la enfermedad, aumenta el malestar emocional. En cambio, mantener una identidad amplia —recordar valores, roles, intereses y aspectos personales que siguen vivos— se asocia con mejor ajuste psicológico, mayor sentido de coherencia y menor ansiedad.
No se trata de negar lo que está pasando.
Se trata de no permitir que lo único que esté pasando sea eso.
Seguir escuchando tu música.
Hablar de temas cotidianos.
Reír cuando algo te hace gracia.
Recordar quién eras… y quién sigues siendo.
El cerebro necesita continuidad para sentirse seguro.
La identidad es una fuente profunda de estabilidad en medio de la incertidumbre.
Si estás atravesando un proceso oncológico, hoy quiero recordarte algo con suavidad:
Eres una persona completa que está viviendo una experiencia difícil.
No eres la experiencia.
Y si acompañas a alguien, ayúdale a sostener su identidad.
Pregúntale por sus sueños. Por sus opiniones. Por lo que le gusta.
Eso también es cuidado.
La enfermedad puede ocupar espacio en la historia.
Pero no escribe la esencia.