06/04/2026
Muchas veces hacemos las cosas por obligación y no por elección. Y lo peor es que ni siquiera nos damos cuenta: creemos que no queda de otra, que “hay cosas que hay que hacer” aunque no nos gusten. Pero con los años me he dado cuenta de que casi nunca es que no nos gusten… es desde dónde las hacemos.
Cuando vivimos desde la obligación, desde la comparación, desde el demostrar, algo en nosotras se va cerrando. El corazón se va poniendo duro, como si necesitara una coraza para aguantar. Y esa coraza, sí, te protege… pero también te impide recibir, te impide disfrutar, te impide ser tú y sentirte segura. Porque por dentro sigue sonando la misma idea: “no hay opción”, “me van a juzgar”, “van a descubrir algo que ni yo misma acepto”.
Y entonces el cuerpo lo cuenta. Lo cuenta en las contracturas, en los dolores de cabeza, en la mandíbula apretada, en los puños tensos… en esa rigidez constante que no te deja soltar. Y muchas veces también lo vemos reflejado en cosas físicas como el colesterol alto: un corazón endurecido, un centro que se ha ido cerrando por años de sostener y sostener.
Por eso este mes en la Escuela vamos a trabajar en romper esa coraza alrededor del corazón. Pero no desde el “ábrete” a la fuerza, porque no es tan fácil. Antes hay que hacer algo más importante: crear seguridad. Aceptar cada parte de ti. Recuperar la confianza de que ahora sí puedes. No porque sepas cómo hacerlo perfecto, sino porque te sientes capaz de atravesar la incertidumbre y lo desconocido. Porque tienes herramientas. Porque confías en ti. Porque pase lo que pase, vas a remontar el vuelo.
Y desde ahí… sí. Desde ese lugar, el corazón se ablanda. Y entonces soltar deja de ser una frase bonita y se vuelve algo real, sostenido por tu cuerpo.
Si esto te resuena, te espero en la Escuela. Tienes el link en mi bio. Y si prefieres, mándame un privado y te cuento un poquito más. 🤍
❤