04/02/2026
DE MEDIR A DECIDIR: LA NUEVA FISIOLOGÍA DEL RENDIMIENTO EN EL FÚTBOL DE ÉLITE
La fisiología aplicada al fútbol de alta competición está viviendo una transformación profunda. Ha dejado de ser una disciplina centrada en “pasar tests” para convertirse en un sistema de apoyo a la toma de decisiones, donde el objetivo no es describir al jugador ideal, sino optimizar la disponibilidad real del jugador concreto, en un contexto competitivo cambiante y exigente. Hoy, la fisiología en fútbol es menos un veredicto puntual y más un tablero de control dinámico que integra demanda externa, respuesta interna y contexto.
¿Cómo ha evolucionado la fisiología del deporte a lo largo de los años?
La era del laboratorio (años 60–90)
Durante décadas, la fisiología del deporte se desarrolló principalmente en entornos controlados. Variables como el VO₂max, los umbrales ventilatorios o de lactato, la economía de carrera y las pruebas incrementales definieron el rendimiento en deportes cíclicos. En fútbol, estos marcadores aportaron una base aeróbica sólida y un lenguaje común, pero explicaban solo una parte del rendimiento real: el juego es intermitente, caótico, técnico-táctico y altamente dependiente del contexto. El laboratorio era preciso, pero poco ecológico.
La era del campo y la carga (2000–2015)
La irrupción de los sistemas GPS y, más tarde, IMU y otros EPTS, supuso un cambio radical. Por primera vez se pudo cuantificar la demanda externa real del entrenamiento y la competición, y relacionarla con la respuesta interna (frecuencia cardíaca, RPE, lactato). Surgieron consensos sobre monitorización de carga y conceptos como carga aguda-crónica. La fisiología salió al campo y se alineó mejor con la realidad del fútbol. Sin embargo, el foco seguía siendo predominantemente el “fitness”: cuánto puede hacer el jugador, más que si está realmente preparado para hacerlo hoy.
La era del sistema complejo (2015–hoy)
El fútbol actual es un entorno de alta congestión competitiva, viajes constantes, variabilidad individual y presión por resultados inmediatos. El problema ya no es medir, sino interpretar sin engañarse. La disciplina ha evolucionado hacia una fisiología “en contexto” o ecológica, donde se prioriza la disponibilidad frente al fitness aislado. La lesión se entiende cada vez más como un fenómeno emergente de la interacción entre carga y contexto, no como el fallo de una sola métrica fetiche.
Avances recientes en fisiología del ejercicio aplicada al fútbol
En este escenario, los avances recientes son claros. Por un lado, el uso de modelos de machine learning permite integrar carga externa (GPS/IMU), fuerza y asimetrías, historial de exposición, wellness, sueño y molestias subjetivas para apoyar decisiones clínicas y de rendimiento, especialmente en la prevención de lesiones musculares. No se trata de “predecir lesiones” con certeza, sino de estratificar riesgo y ajustar decisiones con mayor información.
Por otro lado, emerge con fuerza la sportómica: metabolómica y otras aproximaciones multi-ómicas orientadas a la personalización. En fútbol de élite ya se explora la integración de genética, farmacogenómica, biomarcadores digitales y multi-ómicas con el historial longitudinal del jugador. El potencial es enorme para comprender tolerancias individuales, respuestas al entrenamiento y recuperación, pero su implementación debe ser cautelosa, reproducible y éticamente sólida.
Todo ello refuerza una fisiología cada vez más preventiva y menos reactiva. El objetivo no es intervenir cuando el problema aparece, sino modular la carga, el entorno y la recuperación para sostener el rendimiento durante meses con dos partidos por semana.
Líneas de investigación más prometedoras
La investigación actual se centra en:
1. Modelos multivariables de riesgo y disponibilidad, validados en entornos profesionales reales.
2. Calidad del dato y estandarización tecnológica, asegurando comparabilidad entre sistemas GPS/LPS/OTS.
3. Aplicación clínica de metabolómica y multi-ómicas, con foco en utilidad práctica.
4. Efectos fisiológicos de la congestión competitiva, viajes y jet lag.
5. Epidemiología operativa de lesiones musculares, especialmente en calendarios saturados.
6. Modelos específicos por población, corrigiendo el sesgo histórico hacia el varón adulto e incorporando fútbol femenino y cantera.
En definitiva, la fisiología del fútbol ha madurado: menos test aislado, más integración inteligente; menos certeza aparente, más decisiones contextualizadas. Ese es, hoy, su verdadero valor.