30/12/2025
✨ El final de año no siempre suena a celebración. A veces suena a silencio, a cansancio y a “solo quiero que pase”.
Quizá 2025 no ha sido un año “horrible” para ti. Pero puede que sí haya sido un año de resistir a marchas forzadas, de adaptarte a nuevas situaciones, de resolver lo irresoluble o de ir tirando cuando por dentro ya ibas justa de energía. De estar para todo y para todos mientras tú te ibas dejando para después: “ya otro día si eso…”
Y cuando se vive demasiado tiempo así, no siempre es la tristeza la que hace su aparición estelar. La apatía va y decide unirse al grupo.
Y no, no es falta de interés. Es una manera de protegerte. Como si tu cuerpo bajara las revoluciones para que puedas seguir subiendo la cuesta… irónico, ¿no?
Y, ¡cha, chaaaan!, en medio de ese desgaste suele colarse la autoexigencia. (Por si éramos pocos…) Empezando con frasecitas, a primera vista inofensivas:
“Venga, haz balance de tu año.”
“Termina el año bien.”
“Deberías estar agradecida.”
“Tienes que empezar motivada.”
“Venga, año nuevo, vida nueva.”
Pero resulta que cuando estás saturada, obligarte no ayuda: lo que hace es apretar. Y duele, porque te pide un chute de energía justo donde ya no queda nada.
Si el 31 no te sale celebrar, si te da igual el brindis, si no te ilusiona Enero… por favor, no lo trates como un problema a solucionar. Porque quizá lo que necesitas no es más fuerza, sino más autocuidado.
Y si este año no fue “tu año”, no significa que tú estés mal. Significa que has estado demasiado tiempo intentando seguir adelante con las herramientas que tenías.
No necesitas cerrar 2025 con una “maravillosa” lección de aprendizaje que no te la crees ni tú.
Solo necesitas entrar dejando la fusta fuera… y hablándote un poco mejor: has hecho lo que has podido con lo que tenías.
🗝️ Si te apetece, te leo: ¿Vas a dejar ya de darte tanta caña?😊