04/02/2026
Vivimos en el mundo de la comida rápida, la lectura rápida e incluso la relajación rápida. Vivimos tan obsesionados con ir rápido que nos olvidamos de disfrutar del camino.
A veces lo rápido es mejor, pero no siempre. Ir con prisa de forma constante nos agota y nos desconecta de lo que sentimos y de lo que vivimos. Nos distancia de los demás y nos desgasta física y mentalmente.
Ir más despacio no significa ser perezoso o poco productivo, sino aprender a darle a cada cosa su tiempo: es comer sin mirar el móvil, tener una conversación sin mirar el reloj o simplemente caminar sin prisa al volver a casa.
Al elegir bajar el ritmo, eliges vivir tus días de verdad. Ganas tranquilidad, piensas mejor y disfrutas más de los tuyos.
No dejes que la velocidad te robe el presente.
En un mundo donde se premia la velocidad, la calma es un superpoder.
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