28/01/2026
Nos encanta la globalización. Viajar, mezclar, cruzar sabores, romper fronteras. Pero hay algo que no se negocia: el origen no se borra.
Todo lo que hoy disfrutamos viene de un lugar, de una tierra, de alguien que se dejó la piel para que existiera. Y también de un pasado duro, incómodo, a veces atroz. Fingir que no pasó no lo hace más bonito. Lo hace más vacío.
Globalizar sin respetar el origen no es avanzar, es arrancarle el alma a todo lo que nos sostiene para seguir caminando.
Porque globalizar no es uniformar. Es entender de dónde viene cada cosa antes de decidir a dónde va.
Si todo vale igual, nada vale de verdad. Y si olvidamos el origen, no estamos evolucionando…estamos repitiendo sin entender.
Aquí mezclamos culturas, sí. Pero con memoria. Con respeto. Y con la rebeldía de quienes no aceptan un mundo sin raíces.