25/12/2025
La mente se mueve sin descanso, saltando de una idea a otra, de un recuerdo a una preocupación.
Pero si aprendemos a observar ese flujo sin dejarnos arrastrar, descubrimos algo valioso: entre cada pensamiento existe un espacio, un silencio breve pero profundo.
Ese instante de quietud es la puerta a la meditación.
No se trata de forzar la mente a callar, sino de reconocer que la calma ya está ahí, esperando a ser vista cuando dejamos de luchar con lo que pensamos.
Meditar es aprender a habitar esos espacios de silencio.
Cuanto más los reconoces, más crecen.
En ese vacío fértil, la mente se renueva, el cuerpo se relaja y surge una sensación de claridad y paz interior.
Es en esos pequeños momentos, entre pensamiento y pensamiento, donde recordamos nuestra verdadera naturaleza: tranquila, presente y consciente.