03/04/2025
Querido Terapeuta,
Te conocí y me agradaste. Abriste la puerta con una sonrisa aunque no la vi la percibí y ese fue un gran primer paso; luego me llamaste por mi nombre y lo dijiste con buena actitud, ese fue un segundo gran paso. Vamos bien.
Cuando me preguntaste qué me gustaba hacer supe que yo te interesaba y no se trataba como suele suceder, solo de cumplir con el tiempo y el programa en ese frío consultorio lleno de juguetes ajenos a mis gustos, por fin se trataba de mí y no solamente del autismo que todo lo convierte en su consecuencia.
He tenido en mis 5 años veinte terapeutas de los cuales solo dos han entendido lo que necesito: que me expliquen cómo funciona el mundo y cómo debo interactuar con él. Pero, cuando empezaban a interpretar y resolver tantas dudas por un azar de los “infelices” —así les dice mi madre—un día dejaba de verlos.
Mi euforia y entusiasmo se venían abajo. Tenía que arrancar de cero de nuevo con la incertidumbre y ansiedad que eso significaba.
Así que si vamos a comenzar este camino, esperando lo transitemos por mucho tiempo, tienes que saber algunas cosas de mí…
Antes que nada necesito aprender a confiar en ti y créeme, me han lastimado tanto que no es algo fácil, pero aun así lo sigo intentando porque siempre habrá personas buenas en las que se merece confiar. Espero que tú seas una de ellas.
Conóceme.
Aprende a leer mis estados de ánimo, mis reacciones, mi alegría, mi cansancio, mi frustración, mis miedos, pero sobre todo mi entusiasmo porque allí es donde encontrarás la clave para motivarme.
Escúchame.
Aunque mis palabras no quieran salir en ese primer encuentro están en mi mente listas para ser pronunciadas cuando me sienta confiado. Mi lenguaje no convencional podrá resultarte confuso, pero es mi forma de expresión y es que si no la tuviera — como algunos de mis amigos llamados “no verbales”— tendrás que aprender a descifrar otras formas diferentes —que no erradas —de comunicación.
Explora. Observa. Cuestiona.
No te quedes con lo aprendido. Cada uno de nosotros te ha de enseñar algo nuevo, una forma diferente de ver el autismo. No te cierres. Sé un curioso explorador.
Compréndeme.
Inevitablemente un día me verás explotar. Resisto más de lo que imaginas y en ese intentar regularme me moveré, agitaré mis manos o repetiré el estribillo de algún programa de televisión. Si me comprendes y ayudas a regular mi entorno y a darme calma y seguridad no tendrás que controlar eso que ustedes llaman “conductas disruptivas”…yo me haré cargo porque tendré el control.
Cree en mí.
Daré todo lo que pueda siempre y cuando sienta que ese esfuerzo es motivado por todos y cada uno de quienes esperan grandes cosas de mí. No desistas, siempre hay un camino. No te rindas, dependo de ti.
Si mañana no nos volvemos a encontrar te pido que entregues esta carta a muchos como tú. Pero si nos volvemos a ver quiero que me sigas enseñando por mucho tiempo más así con tu sonrisa y tu buena actitud … Conseguiremos lograr grandes cosas, más que por tus títulos, por tu intuición para desafiar los retos que el autismo nos pondrá en el camino. Recuerda… Yo también te puedo enseñar.
Posdata, olvidaste decirme tu nombre, pero siempre te recordaré por tu voz y si te vuelvo a ver esa será la forma como sabré que eres tú, en tanto nuestras miradas se encuentren en algún momento y mis palabras puedan decirte Gracias!