07/12/2025
El chiste funciona porque lleva al extremo la idea más clásica del psicoanálisis: el diván como “máquina” para que el inconsciente hable.
Aquí el paciente, tan entusiasmado con el método, cree que puede entrenar solo, como si el diván fuera una caminadora emocional.
Desde Freud sabemos que “donde Ello era, el Yo debe advenir”, pero este personaje parece creer que basta con comprarse el mueble para que el Yo se ilumine, como si el insight viniera incluido en la factura. Lacan diría que está “forcluyendo a la analista”, porque la figura profesional queda reducida a dos piernitas pacientes y sorprendidas que miran cómo él intenta hacer autoanálisis DIY.
El humor surge de esa confusión tierna y absurda: pensar que uno puede practicar psicoanálisis en casa igual que practicar yoga, cuando justamente lo que hace funcionar la cura es “el Otro que escucha”, no el cojín donde te recuestas.
El sujeto compra el diván creyendo que compró el inconsciente desbloqueado… y la analista, desde los zapatos, presencia cómo su paciente inventa el home-analytic kit más ingenuo del mundo.