01/02/2026
MI HISTORIA
A mí nunca me dijeron nada.
Pero desde la infancia yo sabía que algo no encajaba. Sabía que era diferente, pero no entendía por qué. No me acoplaba del todo; me costaban cosas que a otros parecían simples. A veces me decían que era distraída, torpe, intensa, que no me esforzaba lo suficiente. Y otras veces simplemente sentí el rechazo silencioso de no ser “normal”. Crecí escuchando críticas, dudas y preguntas que yo misma no sabía responder.
Podía estudiar desde las 2:00 de la tarde hasta las 8:00 de la noche para un examen… y al día siguiente sacaba un 7. Si tenía suerte, un 8. Y me preguntaba: ¿por qué no puedo sacar un 10? ¿Por qué mi amiga, que no estudió, sacó mejor calificación que yo? ¿Por qué la otra niña, que estudió lo mismo que yo, sí lo logró?
¿Qué tengo yo, que no puedo?
“No puedo” era la frase que más se repetía en mi mente.
Continué la secundaria… pero no podía estar quieta. Hablaba demasiado, gritaba… y sufrí bullying por mi conducta hiperactiva.
En la preparatoria, una amiga me hizo preguntas del examen oral. Yo respondí todas. Entonces me dijo:
—No es que no sepas… es que no sabes leer.
Y yo se lo acepté, porque era cierto: cambiaba palabras al leer.
Ella me dio un libro. Lo leí.
Después, uno por mes.
Y en el siguiente parcial, salí muy bien.
Entonces pensé: es verdad, no sabía leer bien.
En la universidad, un compañero me dijo:
—Ya no interrumpas, ya sabemos que tú lo sabes todo.
Ahí me di cuenta de que interrumpía sin notarlo.
Otro compañero me dijo:
—Yo te recomiendo que vayas a terapia. No te integras con nosotros.
Fui a terapia. Y en el siguiente cuatrimestre… era amiga de todos.
Seguí adelante. Estudié, me caí, me volví a levantar. Busqué respuestas durante años, hasta que llegó el momento de la maestría. La profesora dijo:
—Karina, hoy tú eres nuestra paciente. Tus compañeros y yo te vamos a evaluar.
Pregunté:
—¿Qué trastorno del neurodesarrollo tengo que fingir?
Y ella respondió:
—Ninguno. Contesta lo que tú sientas.
Así fue como me evaluaron con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Ahí recibí el diagnóstico. Además del TDAH, tengo un trastorno específico de aprendizaje y un trastorno motor.
Así es: recibí mi diagnóstico a los 32 años. Fue cuando encontré la pieza de mi rompecabezas que había estado buscando toda mi vida.
No fue un golpe, fue un alivio.
No fue una etiqueta, fue una explicación.
No fue el final de algo, fue el inicio de todo.
Esto me enseñó que rendirse no es una opción. Me preparé para entenderme y hoy entender a los que son igual que yo. Con ello comprendí que no estaba rota, que mi cerebro solo funcionaba distinto; que no era flojera, ni incapaz, menos insuficiente. Era neurodivergente, y eso también es parte de la diversidad humana.
Por ello he decidido contar mi historia y que no se quedara en un mal recuerdo. Decidí convertirla en propósito.
Hoy soy licenciada en Psicología, maestra en Psicoterapia Infantil y neuropsicóloga infantil. Soy fundadora de la Red TDAH Tabasco y creadora de Educando un Nuevo Amanecer, programa donde llevo 90 pláticas de psicoeducación gratuitas a padres y maestros sobre los trastornos del neurodesarrollo, además de conferencias de TDAH y talleres de contención emocional para maestros. También tengo un centro de intervención integral para la atención de niños diagnosticados con algún trastorno del neurodesarrollo, donde trabajo de manera particular.
Pero más allá de los títulos, sigo siendo esa niña que alguna vez se sintió diferente y que piensa diferente. Y por eso estoy aquí: porque sé lo que duele no encajar, sé lo que es esforzarte el doble y aun así sentir que no es suficiente, sé lo que es vivir con miradas de juicio y palabras que lastiman.
Y también sé algo más: que un diagnóstico no te limita, te explica. Que la neurodivergencia no te quita valor, te da una perspectiva única de vivir. Que aquello que un día fue tu mayor dificultad puede convertirse en tu mayor fortaleza.
Mi nombre es Karina Romero. El TDAH no me detuvo, el TDAH me trajo hasta aquí. Y hoy mi historia existe para que ningún niño, ningún padre, ningún maestro vuelva a creer que ser diferente es sinónimo de no ser suficiente. Y para que muchos niños más digan un día: lo logré.