08/04/2023
Detrás de toda “mala conducta” hay una emoción, una necesidad, que el niño o la niña no está pudiendo comunicar de mejor manera.
Nuestro desafío es aprender a leer más allá de la conducta, identificar su causa, abordarla, e irle dando al niño o niña más y mejores herramientas para comunicar sus emociones y necesidades, pero ese es un proceso que requiere de mucho tiempo y repeticiones, así que: paciencia y constancia.
Por ejemplo, un niño o niña que pega, muerde, hace “berrinche” es porque carece de más y mejores herramientas para expresar y gestionar su enojo o frustración, así que, lejos de buscar castigar y controlar las conductas, debemos enfocarnos en traducir la emoción y/o necesidad que está debajo de eso, nombrarla (“parece que eso te hizo sentir muy enojado/frustrado”) y, cuando le hemos ayudado a volver a la calma, enseñar una habilidad alternativa de cómo sí puede hacerlo (“cuando no te gusta algo que te hace tu compañero puedes decir ‘alto, eso no me gusta’, cuando te sientes muy frustrado puedes respirar, aplastar plastilina, pegar a un cojín, pedir ayuda un adulto, etc.”). Ejemplos hay cientos, lo importante es que nos centremos en la habilidad que ese niño o niña necesita que le ayudemos a desarrollar, y no simplemente en controlar conductas.
Cuando adoptamos un enfoque punitivo y amenazante, activamos la respuesta cerebral más primitiva de huida, lucha o congelamiento en vez de implicar a las áreas superiores del cerebro responsables de la reflexión y el aprendizaje.
Cuánto más vistos, entendidos, conectados y seguros se sienten los niños y niñas, más receptivos están para aprender de nosotros, cooperar y comportarse mejor.
•Mariana Gomes•