23/12/2025
Cuando te hablas con amor y te miras con compasión, algo profundo se ordena dentro de ti. No es egoísmo: es coherencia. Porque solo un corazón lleno puede compartir desde la verdad, no desde la carencia. El amor propio es el primer acto de conciencia.
Cuando reconoces que la misma energía que te habita vive en los demás, cambia tu forma de relacionarte. Dejas de defenderte, de competir, de exigir. Comienzas a mirar con respeto, con presencia, con humanidad. Ahí el juicio se disuelve y nace la comprensión.
Amar así es vivir alineada con la inteligencia que sostiene la vida. Es recordar que no estamos separados, que somos parte de un mismo tejido. Y desde esa unidad, cada gesto se vuelve un acto de amor que sana, une y transforma, empezando por ti.