29/12/2025
Esta navidad han surgido estas preguntas.
No lo veo desde el juicio, sino desde un cuerpo más presente, más despierto a sus necesidades, más conectado consigo mismo y con el entorno, un cuerpo menos necesitado de validación y más consciente de sus vínculos y desde ahí, esta navidad se sintió muy extraña.
Pude reconocer mis patrones de antaño, la necesidad de comprar para llenar un vacío, la necesidad de comer por costumbre, añorando viejas reuniones que se sentían abrumadoras y desgastantes, el querer cumplir las expectativas...
Y si, pude reconocer desde mi hormonocepción las ganas de Dopamina, porque ese era el único lugar desde donde sabía "conectar". Recuerdo las navidades de mi infancia, donde el breve momento donde nuestras miradas se conectaban era durante el brindis (algunas ya alcoholizadas), no se le preguntaba a los cuerpos si necesitaban toda esa comida y bebida, simplemente se les llenaba, no se recordaban bellos momentos, se hacían burlas de los momentos amargos y se notaban las corazas en los asistentes (los que se excluían y los que peleaban para ser mirados). Finalmente se llenaba el ambiente de regalos comprados para quedar bien o para recibir el reconocimiento que tanto te hacía falta, otras tantas para quedar bien. No hubo tierra, no hubo mirada, no hubo conexión que sostiene y abraza...
Agradezco a toda esa dopamina por mantenerme viva, en verdad, mi cuerpo lo ha hecho perfecto, pero esta Navidad sentí aún más a mi amado cuerpo, le pregunté más que necesitaba, le di descanso, le pregunté si quería abrirse a la compañía, si estaba listo. También bailé y canté como si nadie me viera, abracé, pedí perdón para mis adentros y me perdoné, me vi desde una mirada más compasiva por todo lo que he atravesado. Y allí sentí ese vínculo, ese Renacer conmigo, de mi para mi, de otros también dispuestos.
Amo los festejos, pero que tal que pudiéramos abrirnos a unas fiestas más presentes, más conscientes, más habitadas.