18/09/2025
LA MALETA QUE NADIE RECLAMABA
Durante casi diez años, una vieja maleta color vino permaneció olvidada en la consigna número 12 de la estación central de Praga. La etiqueta estaba desgastada, las letras casi borradas, y nadie vino jamás a buscarla. Los encargados llegaron a olvidarse de ella, hasta que un día, a Viktor Dusek, un joven empleado nuevo, le picó la curiosidad.
—¿Y esta? —preguntó al supervisor, señalando la maleta.
—Ah, la número 12… Esa lleva ahí desde antes que tú nacieras. Dicen que trae mala suerte. Mejor no la toques.
Pero Viktor no creía en supersticiones. Solo creía en historias que aún no habían sido contadas.
Esa noche, cuando cerró la estación, volvió con una linterna y una navaja. Rompió el candado con cuidado, como si abriera el cofre de un tesoro. Dentro, no había dinero, ni documentos, ni armas. Solo cartas. Cientos de cartas, envueltas en cintas y ordenadas por fechas. Y algo más: una cámara fotográfica antigua, con una nota atada:
“Si alguien encuentra esto, por favor, que no se olvide de nosotros.”
Viktor pasó semanas leyendo aquellas cartas. Eran todas de una mujer llamada Hana y un hombre llamado Emil. Cartas de amor, de guerra, de reencuentros frustrados. Algunas estaban escritas desde campos de trabajo. Otras desde pensiones baratas. Había postales con fotos de Praga, Viena, París… pero ninguna terminaba con una despedida. Solo con un “hasta pronto”.
La última carta databa de 1972. En ella, Hana escribía:
“Emil, si no llego a tiempo, he dejado todo en la consigna número 12. Allí está nuestra historia, nuestro amor, nuestras promesas. Si la encuentras, sabré que no fue en vano. Si alguien más la encuentra… quizás entonces alguien recuerde que el amor también deja huellas en los lugares más silenciosos.”
Viktor sintió un n**o en el estómago. Aquello no era solo una maleta olvidada. Era una historia detenida en el tiempo. Y decidió que no podía seguir guardada en la oscuridad.
Comenzó a investigar. Recorrió archivos, preguntó en registros civiles, buscó en periódicos viejos. Tardó casi un año, pero dio con algo: Hana Adler y Emil Weiss, dos jóvenes judíos que se conocieron antes de la ocupación n**i. Fueron separados, luego se reencontraron brevemente, y volvieron a perderse. No había más información. Solo un detalle: Hana fue vista por última vez… en la estación de tren.
Entonces Viktor tomó una decisión: reunió todas las cartas, restauró la cámara, digitalizó las imágenes y escribió un libro. “La maleta número 12”.
El libro se volvió un fenómeno en Europa. Miles de lectores se enamoraron de aquella historia que había dormido entre el polvo y el olvido. Algunos decían que era ficción. Pero Viktor sabía la verdad.
Hoy, la maleta está en una vitrina de la estación, justo donde fue encontrada. A su lado, un cartel:
“El amor no siempre llega a tiempo. Pero a veces… sobrevive más que nosotros.”
Y cada día, al menos una persona se detiene a mirarla en silencio.
Porque hay historias que esperan años enteros… solo para que alguien las escuche y las convierta en eternas.