31/12/2025
Cuando te frotas los ojos, no solo estás aliviando una picazón, estás desencadenando una reacción en cadena dentro de uno de los órganos más delicados de tu cuerpo. La presión al frotar distorsiona físicamente la córnea, causando esos patrones de luz arremolinados que a veces ves. Pero también libera histaminas, que pueden hacer que tus ojos piquen aún más y se inflamen.
Con el tiempo, frotarse con frecuencia puede debilitar la córnea, aumentando el riesgo de afecciones graves como el queratocono, un trastorno que deforma la visión de forma permanente. Así que la próxima vez que te piquen los ojos, resiste el impulso. Unos segundos de alivio no valen un daño a largo plazo.