05/12/2025
Buen dato para los lavados nasales en niños !!! 👶🏻
Hay algo que repito muchísimo en consulta cuando hablamos de aseos nasales o lavado nasal:
No se trata de “sacar verdades”… se trata solo de sacar moco. Nada más que eso.
Y para lograrlo, lo realmente importante no es la fuerza ni la velocidad, es el volumen. La cantidad de líquido que usamos es lo que permite que el moco se humedezca, se desprenda y salga. No la presión, no la rapidez, no el “hacerlo fuerte”.
Muchos papás creen que mientras más rápido o más potente entre el suero, mejor va a limpiar… pero pasa justo lo contrario. Cuando lo hacemos brusco, el niño se asusta,llora, se mueve, se incomoda, y al final el lavado termina siendo una batalla que estresa a todos y limpia poco.
El lavado nasal no es una prueba de resistencia, es algo mucho más sencillo: dejar que el agua arrastre el moco. Así funciona el cuerpo. El moco se mueve con cantidad de líquido, no con presión. Un chorro suave, constante y con buen volumen limpia mejor que una aplicación rápida, violenta o desesperada. El objetivo es humedecer, aflojar y arrastrar secreciones, no provocar dolor, llanto ni miedo.
En cuanto a los dispositivos, también vale la pena simplificar. No se necesitan aparatos sofisticados o caros. Lo más útil es cualquier herramienta que permita usar buen volumen de suero a baja presión: jeringas grandes sin aguja, botellitas presionables tipo squeeze bottle o dispositivos diseñados para irrigación nasal en bebés y niños. Todos funcionan bien si se usan con calma y sin forzar. Aquí lo importante no es la marca ni el diseño, sino cómo se utilizan: despacio, sin sorpresa, sin convertir el momento en algo violento.
Los aspiradores, ya sean manuales o eléctricos, pueden servir para retirar moco superficial que ya está en la entrada de la nariz, pero no sustituyen un buen lavado nasal, porque no limpian por dentro. El verdadero aseo ocurre cuando el volumen del suero entra, recorre la cavidad nasal y arrastra las secreciones hacia afuera.
Cuando hacemos el aseo nasal de esta manera, molesta menos, limpia mejor, los niños cooperan más, protegemos la mucosa nasal y dejamos de convertir algo que debería ser cuidado y alivio en un momento de estrés.
Porque el lavado nasal no es castigo ni tortura, es una herramienta sencilla para ayudarles a respirar mejor, a dormir mejor y a sentirse mejor.
Recuerda: no buscamos “sacar todo a la fuerza”, solo darle al cuerpo el agua necesaria para que el moco pueda salir solo. Despacio, con cariño y con volumen suficiente.