24/03/2026
Hoy abro este espacio como si fuera un círculo sagrado…
Que esta palabra no solo se lea, que se sienta.
Que encuentre lugar en el pecho de quien esté listo para escucharse.
Lo vivido este fin de semana
no fue solo experiencia…
fue llamado.
Un llamado a recordar que la sanación no comienza en las manos que preparan el remedio, sino en el corazón que se atreve a mirarse sin huir.
Antes de la planta,
antes del ungüento,
antes del té…
hay un umbral.
Y ese umbral es el encuentro con la propia verdad.
Ahí donde duele, donde incomoda, donde el alma ha guardado silencios por tanto tiempo…
ahí comienza la medicina real.
Porque el cuerpo no enferma al azar.
El cuerpo recuerda.
El cuerpo nombra lo que la voz no pudo decir.
Y cada síntoma es un rezo fragmentado
esperando ser escuchado completo.
Hoy no vengo a ofrecer solo remedios…
vengo a recordar el origen.
Sanar es un acto de presencia.
Es sentarse con la herida sin querer cambiarla de inmediato.
Es mirarla hasta que revele su enseñanza.
Y entonces sí…
cuando el ser se abre,
cuando la conciencia se enciende, cuando el alma deja de resistirse…
la planta responde.
El agua escucha.
El fuego acompaña.
La medicina llega.
No como salvación…
sino como alianza.
Hoy, antes de buscar afuera, pregunta hacia adentro:
¿Qué en mí pide ser visto?
¿Qué en mí pide ser honrado?
¿Qué en mí ha esperado este momento para sanar?
Que esta palabra abra camino.
Que esta palabra recuerde.
Que esta palabra despierte.
Y que cuando tomes el remedio…
tu alma ya esté caminando hacia su propia luz.
-Oli Cortes