Reconectartemx

Reconectartemx Psicología, Terapía integral, Terapía grupal e individual, Sesiones de Yoga y Movimiento reconectivo. Reconect Arte Mx.

es un proyecto que busca vincular diferentes disciplinas como la psicología, las terapias del arte, el yoga, las terapias alternativas y las artes expresivas, como medio para la transformación social.

Es una alternativa para generar que la población y comunidad se reconecten con su potencial creativo mejorando así su calidad de vida, a través de la identificación y participación activa dentro de talleres, charlas informativas, cursos, clases y eventos.

03/02/2026

“Que tu mirada sea lampara y tu sombra maestra.”

03/02/2026

Muchos saben dar, pero pocos saben recibir.
Y entre ambos gestos —aparentemente opuestos— se revela el equilibrio profundo del alma.

Dar nos da poder. Nos coloca en la posición activa, generosa, incluso salvadora. Pero recibir…
Recibir exige apertura. Humildad. Vulnerabilidad.
Y para algunos, eso es insoportable. Porque recibir implica decir:
“Soy digno. Merezco.”

Pero, ¿cómo sentirnos merecedores si cargamos culpas, mandatos, historias no dichas?
¿Cómo recibir sin que el inconsciente susurre:
“esto es demasiado para mí”,
“no he hecho suficiente”,
“si me dan, luego tendré que pagarlo”?

Ahí radica la herida: no en la falta de amor, sino en la incapacidad de dejarnos tocar por él.

Sentirnos merecedores no se logra con afirmaciones, sino con acto interior de reconciliación:
con el niño herido,
con los ancestros que vivieron escasez,
con la sombra que sabotea cada regalo.
Es decirle al alma:
“no tengo que ganarme el derecho a existir. Ya lo tengo.”

Dar sin saber recibir es orgullo disfrazado de generosidad.
Y recibir sin culpa es un acto revolucionario:
es decirle al universo “sí” sin condiciones.

No mereces porque hiciste algo.
Mereces porque eres.
Y permitir que la vida te toque…
…también es parte de sanar.

Que sepas dar con presencia, y recibir con el alma abierta.

.🧠💜Reflexión terapéutica“No eres una mala persona.Estás haciendo lo mejor que puedescon las herramientas que tienes hoy....
26/01/2026

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🧠💜Reflexión terapéutica

“No eres una mala persona.
Estás haciendo lo mejor que puedes
con las herramientas que tienes hoy.”
— Marsha M. Linehan

Aceptar esto no es conformarse.
Es dejar de atacarte para empezar a cuidarte.

Desde la terapia, aprendemos que la autocompasión no debilita: sostiene, regula y abre la posibilidad de cambio 🌱

✨ Aceptación y cambio pueden coexistir.
✨ Puedes validarte y crecer al mismo tiempo.

24/01/2026

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Ayer el mar me envolvió dentro de su espiral, fueron segundos que sacudieron y activaron memorias
que mi alma recordó.
Suena extraño, pero es la primera vez que lo disfrute,
mi cuerpo se abrazó y soltó el control,
su fuerza me empujo al fondo,
ahi rode dentro del portal que me regreso.
Pintura 🎨: “Encuentros con la espiral” 🌀 .

22/01/2026

Hay días en los que todo esfuerzo parece excesivo. No se trata de una depresión visible ni de una tristeza profunda. Es más bien una sensación densa, como si la vida se hubiera vuelto demasiado pesada para ser empujada, y sin embargo uno sigue adelante, con la misma rutina, con los mismos gestos, casi por inercia. Esta fatiga no es física, ni siquiera emocional en el sentido habitual. Es algo más sutil: un cansancio de sostener una versión de uno mismo que ya no se ajusta del todo.

Este estado revela lo que podríamos llamar el yo endurecido, una configuración psíquica que en algún momento fue funcional —quizás necesaria— pero que ha perdido vitalidad. El yo endurecido es una forma fija de identidad que hemos construido para protegernos, para pertenecer o para cumplir con las expectativas del entorno. Aunque alguna vez nos sostuvo, con el tiempo se convierte en una armadura pesada. Ya no responde a lo que somos, sino a lo que fuimos o a lo que otros necesitaron que fuéramos.

Su origen suele estar en una adaptación temprana al mundo. Cuando el alma infantil intuye que ciertos aspectos de su autenticidad no serán bienvenidos, comienza a modularse. Así nacen las versiones reforzadas del yo: la persona fuerte, la confiable, la brillante, la independiente. Estas máscaras no son mentiras, pero tampoco son el todo. Se vuelven rígidas con los años, como una máscara pegada a la piel. Y mientras más éxito tengan, más difícil se vuelve cuestionarlas sin temor a perderlo todo.

Reconocer la presencia del yo endurecido no exige que lo eliminemos. Más bien, pide una pausa. Una rendición íntima. Tal vez haya llegado el momento de dejar de sostener ciertas formas de nosotros mismos, no por fracaso, sino por madurez. Porque la energía psíquica que una vez sirvió para protegernos, ahora podría comenzar a liberarse. Y eso, aunque parezca una pausa, también es un movimiento.

19/01/2026

Durante décadas, la psiquiatría explicó trastornos graves casi exclusivamente como desequilibrios químicos que alteran neurotransmisores como dopamina o serotonina.

Sin embargo, investigaciones recientes están proponiendo un giro profundo: el problema podría estar en cómo el cerebro produce y usa energía.

En condiciones como la esquizofrenia y la bipolaridad, se ha observado un metabolismo cerebral alterado, especialmente en el uso de glucosa.

Algunas regiones cerebrales muestran hipometabolismo, es decir, dificultades para obtener suficiente energía y sostener una actividad neuronal estable.

Cuando la energía falla, también lo hacen procesos clave como la regulación emocional, la percepción de la realidad y el control del pensamiento.

Este enfoque ha dado origen a la llamada psiquiatría metabólica, que estudia la salud mental desde la biología energética del cerebro.

Dentro de este marco, se investiga si fuentes alternativas de energía, como las cetonas, pueden apoyar funciones neuronales comprometidas.

Los resultados preliminares son prometedores, aunque aún se requieren ensayos clínicos amplios y seguimiento a largo plazo.

La idea central es clara: comprender la mente también implica entender el combustible que mantiene vivo y funcional al cerebro.

DOI: 10.3389/fnut.2024.1444483

.Día mundial contra la Depresión 🥹.Si te sientes identificad@ con esta información te apoyo con una sesión Gratis para e...
13/01/2026

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Día mundial contra la Depresión 🥹.
Si te sientes identificad@ con esta información te apoyo con una sesión Gratis para evaluar tu caso y apoyarte en iniciar tu proceso terapéutico.
O si conoces a alguien que necesite esta información ayúdame a compartir.
Agenda 📲 +52 2293371186.

.🌀Iniciar un proceso terapéutico es un acto de amor propio✨Comenzar terapia no significa que “algo esté mal contigo”. Si...
09/01/2026

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🌀Iniciar un proceso terapéutico es un acto de amor propio✨

Comenzar terapia no significa que “algo esté mal contigo”. Significa que estás eligiendo escucharte, detenerte y darte el espacio que mereces para comprender lo que sientes, piensas y cargas.

Muchas veces aprendemos a seguir adelante sin cuestionar, a normalizar el cansancio emocional, la ansiedad, el dolor o la desconexión. La terapia ofrece un espacio seguro para poner en palabras lo que duele, ordenar lo que confunde y acompañarte a reconectar contigo desde un lugar más consciente y compasivo.

Iniciar un proceso terapéutico te permite:
• Comprender el origen de tus emociones y patrones.
• Aprender herramientas para regularte emocionalmente.
• Sanar experiencias pasadas que siguen influyendo en tu presente.
• Fortalecer tu autoestima y tu capacidad de decisión.
• Construir una relación más amable contigo y con los demás.

La terapia no busca cambiar quién eres, sino ayudarte a volver a ti, con mayor claridad, presencia y equilibrio. Es un camino que se recorre paso a paso, respetando tus tiempos, con acompañamiento profesional y sin juicios.

Pedir ayuda también es fortaleza. Elegir iniciar terapia es elegir tu bienestar emocional.

🌀 Tu proceso importa.
Atención Online 💻 y presencial 📍San Pancho, Nay.

Duelo por Diagnóstico 😮
09/01/2026

Duelo por Diagnóstico 😮

Me diagnosticaron TDAH a los 41 años. Y nunca había estado tan cabreado en mi vida. No con el médico que por fin lo descubrió.

Sino con todo un sistema que no vio nada durante cuatro décadas.

Con profesores que me llamaban "listo pero disperso". Con jefes que repetían que tenía "muchísimo potencial". Con novias que me acusaban de no escuchar nunca. Con colegas que bromeaban con que era "alérgico a terminar las cosas".

No les faltaba razón. Pero tampoco la tenían del todo.

No era vago. No era descuidado. No era que "no me esforzara lo suficiente".

Mi cerebro funcionaba de otra manera. Y de algún modo, pasó desapercibido durante 41 años.

El diagnóstico llegó un martes por la tarde. Mi psicólogo me había sugerido hacerme unas pruebas después de que le describiera, por centésima vez, lo agotador que era ser yo.

No triste. No ansioso. Solo… reventado.

Reventado de tener que recordar cosas que los demás recordaban sin esfuerzo. De forzar mi concentración mientras mi mente tiraba en diecisiete direcciones distintas. De construir sistemas de compensación para un mundo que no estaba diseñado para mi cerebro.

Pensaba que así se sentía todo el mundo. No sabía que mi experiencia era diferente.

El psicólogo me entregó los resultados como si fuera un trámite. "Presentación clásica de TDAH. Probablemente lo has tenido toda la vida."

Me quedé una hora sentado en el coche.

Sin llorar. Solo… recalculando.

Cada momento en que no pude estar presente como quería. Cada relación que se acabó porque parecía que "me daba igual".

No me daba igual. Me importaba tanto que me quemó por dentro. Mi cerebro simplemente se negaba a cooperar.

Hay una palabra para lo que sentí: duelo.

Duelo por la versión de mí que podría haber existido si alguien lo hubiera pillado antes. A los ocho años. A los quince. A los veinticinco.

Duelo por todas esas décadas creyendo que estaba roto.

¿Y debajo del duelo? Rabia.

Contra una época en la que "esfuérzate más" era la única respuesta que existía. Contra colegios que castigaban síntomas que no entendían. Contra un mundo que miraba a un crío que lo pasaba mal y asumía que el problema era la falta de voluntad.

Me esforcé tanto que el esfuerzo se convirtió en el problema. Estaba machacado de sobrevivir siempre al límite.

El médico me recetó medicación. Dijo que me ayudaría.

Y era verdad. Durante unas seis horas al día.

Pero la medicación no borró la vergüenza que llevaba arrastrando cuarenta años. No arregló mi matrimonio, ya desgastado por años de "olvidarme" de cosas importantes. No deshizo el trabajo que perdí, los ascensos que no conseguí, las amistades que se enfriaron porque parecía "poco fiable".

La medicación me dio concentración. No me devolvió mi identidad.

Ya no sabía quién era sin la lucha. Sin tener que demostrar constantemente que valía.

Mi mujer me encontró una noche, a las 2 de la madrugada, sentado a oscuras.

"¿Qué te pasa?" me preguntó.

No sabía cómo explicarlo. Que el diagnóstico era como que te dijeran que la guerra había terminado—pero sin saber cómo dejar de pelear. Que toda mi personalidad se había construido alrededor de compensar algo que no sabía que tenía. Que estaba aliviado y destrozado al mismo tiempo.

"Ya no sé quién se supone que tengo que ser", le dije.

No intentó arreglarlo. Solo se sentó conmigo.

Unos días después, me mandó un enlace que había encontrado en un foro de TDAH. "Esto igual te ayuda con lo que la medicación no toca."

Casi lo ignoro. Otra app de bienestar. Otra promesa.

Pero estaba harto de estar hecho polvo.

Así que hice su test.

Las preguntas no eran las que esperaba.

No "con qué frecuencia pierdes las llaves". Más profundas. ¿Sientes culpa o vergüenza cuando procrastinas? ¿Te cuesta a menudo llevar tus ideas hasta el final? ¿Te consideras alguien que busca agradar a los demás?

Esa última me dio de lleno.

Había estado actuando toda mi vida. Fingiendo que lo tenía todo controlado. Construyendo sistemas para esconder el caos. Sonriendo a pesar del agotamiento.

Los resultados me explicaron algo que nunca había entendido: el TDAH no es solo atención. Es regulación emocional. Es un sistema nervioso que aprendió a quedarse en modo supervivencia.

Liven llama a su enfoque el Método Micro-Ciclo. Interrupciones de cinco minutos diseñadas para ayudar a tu sistema nervioso a hacer una pausa en lugar de entrar en espiral.

No otro sistema complicado. No otra promesa que se desinfla en una semana.

Solo pequeños momentos que enseñan al cuerpo que ya no tiene que vivir en estado de alerta permanente.

Semana dos: Me di cuenta de que llevaba años conteniendo la respiración mientras leía emails. Ni siquiera era consciente.

Semana cuatro: Mi mujer me dijo algo que me dolió. El antiguo yo habría saltado, y luego habría entrado en espiral de vergüenza. Esta vez, paré. Nombré la emoción. Respondí en lugar de reaccionar.

Ella se dio cuenta.

"Eso ha sido diferente", dijo. "Diferente para bien."

Semana siete: Me pasé una fecha límite en el curro. La espiral de vergüenza de siempre empezó—pero no me arrastró. La vi. La reconocí. Seguí adelante. No perfecto. Pero mejor.

Semana diez: Me miré en el espejo y ya no vi a un tío "roto".

Vi a alguien cuyo cerebro funciona diferente. Alguien que sobrevivió cuatro décadas sin el apoyo adecuado. Alguien que por fin está aprendiendo a trabajar consigo mismo en lugar de contra sí mismo.

Seis meses después, sigo siendo yo. Sigo teniendo TDAH. Sigo perdiendo las llaves. Sigo distrayéndome.

Pero ahora conozco la diferencia entre forzar mi cerebro y colaborar con él.

El diagnóstico me dio respuestas. La medicación me dio concentración. Pero Liven me dio algo que nunca había tenido: paz con quien soy.

Si acabas de recibir el diagnóstico—o sospechas que podrías tenerlo—la tormenta que estás atravesando tiene sentido.

El duelo. La rabia. Ese alivio extraño que no parece alivio.

La medicación ayuda. Pero no es todo.

Hay años de vergüenza que deshacer con cuidado. Un sistema nervioso que aprendió a estar en máxima alerta solo

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