25/08/2020
Durante muchos años de mi vida he estado buscando la seguridad, lo socialmente correcto, no siendo consciente que esa falsa seguridad en realidad es el miedo a lo desconocido. Me repetía constantemente que la vida era así y que era lo que me había tocado vivir... ¡Eso era lo correcto para mí! Era lo normal y mi entorno así lo mostraba.
Me hacia muchas preguntas, cosas que no me cuadraban, contradicciones internas y buscaba respuestas. Buscaba, pero siempre buscaba fuera, en los demás, en mi entorno, en los acontecimientos que me daba la vida, hasta que en un momento muy concreto me di cuenta que fuera de mí no estaban las respuestas que buscaba, las respuestas estaban dentro, no tenía que buscar fuera... Tenía que mirar muy dentro de mí.
Al principio no me gustaba lo que veía y sentía dentro de mí... Ahí empezó un trabajo personal profundo de descubrimiento interno. Fui consciente que debía tomar decisiones que me aterraban, pero había algo que salía de muy adentro que me decía que tenia que accionar, traspasar el miedo a lo desconocido, a la incertidumbre, a la comodidad de lo conocido y dejar de reaccionar ante todo como había hecho siempre. Esa decisión, esa acción, ese movimiento, ha provocado un giro en mi vida. Fue entonces cuando realmente empecé a ser consciente que yo conducía mi vida, que yo era el único responsable de ella. Durante mucho tiempo había intentado confiar en las leyes del universo, en la vida, en los demás... Pero en ese momento de mi vida me di cuenta de que no era cuestión de intentarlo, comprendí profundamente que la confianza debía estar en mí.
Desde ahí empiezo a observarme y a prestar atención a las señales que mi entorno y mi Ser me muestran, empiezo a ser muy consciente de todo lo que tengo que trabajarme internamente, consciente de las situaciones que la vida me va poniendo delante, situaciones y personas en las que me veo reflejada. Así voy identificando y conociendo cada una de las energía que están en mí, energías que hasta entonces yo creía que eran de los demás, soy consciente de mis carencias, mis miedos, mis apegos, en definitiva, mis sombras.
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Confío en el universo que me guía por el camino correcto.