10/02/2026
✨ Cuando el ruido también mueve fibras
He visto muchos comentarios en las redes.
Juicios fuertes. Posturas firmes. Mucho énfasis en lo que incomodó, en lo vulgar, en lo que choca.
Y lo entiendo. El show tuvo momentos crudos, exagerados, gestos que no son para todos. Eso es real y negarlo no sería honesto.
Pero volví a ver el show.
Con más calma. Sin el impacto del primer momento.
Y esta vez vi algo más.
Vi cómo, desde lo grotesco, el espectáculo también movía fibras profundas.
Hay videos en las redes de personas llorando mientras miraban el show.
De gente que se sintió tocada, nombrada, vista.
Eso también es parte de la verdad.
Empecé a mirar el montaje completo.
La grama, con personas dentro sosteniéndola, como recordándonos que el suelo que pisamos tiene cuerpos, historias, trabajo invisible.
Las mujeres pintándose las uñas, la vida cotidiana, lo simple que también es identidad.
Las mujeres sobre bloques de cemento, y pensé en cómo, en nuestra cultura, la mujer es pilar, estructura, sostén del hogar.
Vi la barbería, el dominó, la señora mayor del bar, el piragüero.
Escenas que no son decoración, sino barrio, comunidad, memoria viva.
Vi un niño dormido entre dos sillas, como tantas veces ocurre en nuestras fiestas familiares.
Familia extendida. Cuidado colectivo. Hogar.
Vi el contraste constante:
lo crudo y lo bello,
el exceso y la ternura,
el ruido y la pausa.
Vi a Lady Gaga con su glamour contenido, su flor y los accesorios en rojo. 🌺
Una feminidad que no grita, que sostiene desde la forma, la estética y la presencia.
Otra frecuencia.
Vi a Ricky Martin no como provocación, sino como identidad integrada. 🍃
Sin explicarse. Sin esconderse. Sin pelear.
Un mensaje silencioso de no dejarnos opacar por quienes somos.
Y vi el momento del niño con el trofeo.
Un gesto que detuvo el ruido.
Ahí algo se aquietó.
Pero hubo algo más que terminó de integrarlo todo en mí.
Detrás de esos 14 o 15 minutos hubo un trabajo inmenso.
Manos que construyeron escenarios, coreografías, vestuarios, luces.
Personas que pensaron cada símbolo, cada transición, cada pausa.
Horas, días, meses de creación para que nosotros viéramos solo el resultado final.
Y ahí entendí algo importante:
más allá de si gustó o no gustó,
más allá de las críticas o los aplausos,
hubo corazón, oficio y entrega.
Nada de eso se improvisa.
Nada de eso nace del vacío.
Cuando empezó a mencionar los países, cuando dijo “Dios bendiga a América” y fue nombrando a cada nación latina, se sintió algo distinto.
Muchos latinos esperaban ese momento.
Esperaban verse reflejados.
Sentirse incluidos en lo que realmente es América.
Y ahí ocurrió algo hermoso:
en vez de separación, reconocimiento.
En vez de exclusión, pertenencia.
Familias reunidas frente a la pantalla, compartiendo orgullo, emoción, lágrimas.
Cuando terminé de verlo por segunda vez, entendí algo esencial.
Lo que la primera vez me chocó, la segunda ya no me movió igual.
No porque ahora lo apruebe.
No porque lo quiera imitar.
Sino porque ya no lo miré desde la reacción.
Integrar no es justificar.
Integrar no es normalizar.
Integrar no es tragárselo todo.
Integrar es poder mirar sin huir.
Reconocer lo que existe sin negarlo.
Discernir sin endurecerse.
Sigo sabiendo qué resuena conmigo y qué no.
Sigo eligiendo distinto.
Pero ahora desde un lugar más amplio, donde lo vulgar no me gobierna, lo bello no me ciega y lo humano puede ser visto en todas sus capas.
Quizás el verdadero reto no es silenciar el ruido,
sino preguntarnos desde dónde lo estamos mirando
y si somos capaces de reconocer también el trabajo, el corazón y la intención
que hay detrás de lo que vemos.
A veces el mensaje no viene en palabras.
Viene en gestos, en símbolos, en esfuerzo humano compartido
que nos recuerda que podemos mirarnos más desde el amor
y menos desde la separación.
Y eso, para mí, también es conciencia en acción.
Juego y Conciencia