18/04/2026
Hay muchas naciones.
Muchos centros.
Muchos líderes, personal y directores.
Muchos estudiantes entran por las puertas de los ministerios Teen Challenge todos los días.
Pero nunca hemos perdido de vista a ese.
El que entra roto.
El que ha sido contado.
El que se siente demasiado lejos, demasiado perdido, demasiado lejos de la esperanza.
Porque si una vida se transforma... vale la pena.
Si una persona se encuentra con Jesús... vale la pena.
Si uno encuentra la libertad de la adicción y las luchas que controlan la vida... vale la pena.
Si se restaura una familia, se redime un futuro, se reescribe una historia... vale la pena.
Esta llamada no es fácil.
No es cómodo.
Cuesta tiempo, energía, oración y todo lo demás.
Pero luego lo ves.
Ves al hombre que una vez no tenía nada ahora caminando con propósito.
Ves a la mujer restaurada, llena de alegría, reunida con sus hijos.
Ves a los estudiantes graduarse, entrar en trabajos, en el ministerio, en familias sanas, en un futuro que nunca creyeron posible.
Y te das cuenta... por eso lo hacemos.
No para los números.
No para el reconocimiento.
Pero para el único.
Porque para Jesús, el uno importa.
Y para nosotros, el indicado siempre importará.
(Copiado desde la pagina de Teen Challenge Global)
No tenemos derechos de autor
There are many nations.
Many centers.
Many leaders, staff, and directors.
Many students walking through the doors of Teen Challenge ministries every single day.
But we have never lost sight of the one.
The one who walks in broken.
The one who has been counted out.
The one who feels too far gone, too far lost, too far from hope.
Because if one life is transformed… it’s worth it.
If one person encounters Jesus… it’s worth it.
If one finds freedom from addiction and life-controlling struggles… it’s worth it.
If one family is restored, one future redeemed, one story rewritten… it’s worth it.
This calling is not easy.
It’s not comfortable.
It costs time, energy, prayer, and everything in between.
But then you see it.
You see the man who once had nothing now walking in purpose.
You see the woman restored, filled with joy, reunited with her children.
You see students graduate, step into jobs, into ministry, into healthy families, into a future they never thought possible.
And you realize… this is why we do it.
Not for numbers.
Not for recognition.
But for the one.
Because to Jesus, the one matters.
And to us, the one will always matter.