31/01/2026
Jim Carrey dijo una vez: El duelo no es solo una emoción, es un deshilacharse, un espacio donde algo alguna vez vivió pero ahora ya no está. Atraviesa tu interior, dejando un vacío doloroso donde antes residía el amor.
Al principio, se siente insoportable, como una herida que nunca cerrará. Pero con el tiempo, los bordes crudos comienzan a sanar. El dolor se suaviza, pero la huella permanece: un recordatorio silencioso de lo que alguna vez fue. La verdad es que nunca realmente “sigues adelante”. Sigues con ello. El amor que tuviste no desaparece; se transforma. Permanece en los ecos de la risa, en la calidez de los viejos recuerdos, en los momentos silenciosos en los que aún buscas lo que ya no está. Y está bien.
El duelo no es una carga que deba ocultarse. No es una debilidad de la que avergonzarse. Es la prueba más profunda de que el amor existió, de que algo hermoso alguna vez tocó tu vida. Así que permítete sentirlo. Permítete llorar. Permítete recordar.
No hay un calendario, ni una manera “correcta” de vivir el duelo. Algunos días serán pesados y otros se sentirán más ligeros. Algunos momentos traerán olas inesperadas de tristeza, mientras que otros te llenarán de gratitud por el amor que tuviste la suerte de experimentar.
Honra tu duelo, porque es sagrado. Es un testimonio de la profundidad de tu corazón. Y con el tiempo, a través del dolor, encontrarás sanación—no porque hayas olvidado, sino porque has aprendido a llevar juntos el amor y la pérdida.